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Muy lejanos

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18.07.2026

El desequilibrio más grande en nuestra tierra es una sociedad que proyecta una insalvable distancia entre lo que dice y lo que hace

El turista, esa persona y su familia no son responsables de nuestra ineptitud. / B. Ramon

Se oyen los ladridos de un perro en la noche. Y se oye bajar hacia la ciudad una moto dando gas a bastante velocidad que también se va desvaneciendo. A ratos bien largos, de las miles de almas que aquí duermen no se oye una mosca. Hasta que no lleguen las lluvias, con las primeras tormentas, las ovejas no se dejan oír. Están del todo extenuadas, languidecen en el suelo agonizando como la tierra a la espera de que su amo llegue con algo seco cuando más necesitan del verde. Leales al ruido del motor se levantarán al escucharlo de cerca. Temen, o temían, al lobo pero será su propio pastor quien se las coma o las venda para el sacrificio. En Mallorca no hay ni hubo lobos, pero ustedes supongo que ya entienden por dónde vamos. Mientras en el Parlament discuten si las ranas croan o rauquen, en los días siguientes la luna embellecerá hasta los rincones más cutres y urbanísticamente arrasados. Ángulos de luz y de sombra en la frontera entre la tiniebla y lo que algunas veces brilla. Las calles desiertas pero llenas de calma. Así de golpe una estrella cae y se desintegra al entrar sus restos en la atmósfera. No había nada y de repente una chispa de luz (así es la vida) momentánea te recuerda lo ligeros de equipaje que acabamos yendo al final.........

© Diario de Mallorca