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El Generalísimo, 276 años: nos recuerda Pensacola, la Revolución francesa y la Independencia latinoamericana | Por: Luis A. Villarreal P.

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29.03.2026

Luis A. Villarreal P.

Sebastián Francisco de Miranda y Rodríguez, un personaje sobresalientemente histórico hecho una leyenda, sin duda ha llenado de curiosidad y admiración al mundo entero. Su obra, matizada por una serie de acontecimientos y circunstancias relevantes que dan razón de un ser preocupado por su preparación autodidacta, repleto de ideales y espíritu inquieto y muy determinado, en propósito y acción.

Mucho más que un don Juan o don Quijote como ha sugerido en su inferir abstraído el laureado historiador venezolano Tomás Polanco Alcántara; de cuyo tintero ha puesto en nuestras manos una de las biografías más proporcionadas y extasiantes, en la que se muestran los perfiles  de un hombre tan singular, persuasivo y monumental como Francisco de Miranda; multiplicándole la vida y la presencia en el mundo reciente, actual y venidero; y proyectando su enorme trascendencia, refulgiendo aún más su luz en los Elíseos de la gloria.

Caracas fue su origen y La Carraca su desaparición física; ahora vive cómodamente —por su inmenso legado— en la memoria e ideario del pueblo que lo ha querido conocer, de lejos y de cerca, en el pasado y el futuro, en su multifacético mundo; identificándolo como un personaje de tendencia universal. Y no sólo como venezolano, tal lo sugiere la extrema modestia de la comprensible institucionalidad criolla, sino de personalidades del mundo quienes en él reconocen a un ser relevante que buscó participación y alternancia más allá de las fronteras nacionales, en asuntos militares, políticos, culturales y espirituales, en su conjunto humanitarios.

Vivió en sus 66 años una fulgurante  trayectoria de denuedos por reafirmar sus inquietudes y convicciones –en tiempos de realizaciones esclarecedoras como los siglos  XVIII y XIX, de florecimiento y práctica filosófica, de cambios profundos en el pensamiento y por ende en los sistemas de gobierno–, sin acomodos ni temores, a plenitud de sus elevados y nobles ideales políticos, a través de su vocación y envergadura militar, con sus insaciables deseos de deleitar la vida desde su prolífica biblioteca y sus abundantes archivos, molde y prueba de su cultura, de sus ambiciones, de su desenvoltura en los círculos sociales más enaltecidos, en los que brilló su personalidad ilustrada, su ecuanimidad políglota, que le dieron tanto favoritismo y atención en el exigente entramado social y político de las elitistas sociedades de la época en América y Europa.

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Revolucionario, diplomático, conspirador, ‘masónico’, militar y republicano, con visión profundamente integracionista

Protagonizando en la realidad contemporánea, un caudal de opiniones y narrativas y los más aproximados datos biográficos, hasta el metraje de la recién y conspicua........

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