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LA TRAGEDIA DE SAN LÁZARO, 40 AÑOS. “Yo vi llorar a mi pueblo“ | Por: Juan Carlos Aguilar Rengifo

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05.05.2026

“Yo vi llorar a mi  pueblo “

Juan Carlos Aguilar Rengifo*

Una nuevo día iniciaba en el colonial y hermoso pueblo de San Lázaro, quien como siempre volvía a sus actividades normales, luego del fin de semana. Al alba prosiguió un cielo gris, la mañana nublada de aquel lunes 5 de mayo de 1.986, presagiaba lluvia, a mitad de esa mañana se hizo presente un rocío.  Está lloviendo para el páramo- comentó una persona- al ver que las montañas teñían de blanco. Pasado el medio día, el cielo continuaba nublado. Al caer la tarde comenzó a llover, arreciando la lluvia hacia el anochecer. En el ocaso, el río comenzó a despedir un fuerte olor que a los lugareños les era familiar  – “Como que está creciendo el río , se dijeron“.  Anocheció y la crecida aumentó, esto llamó la atención de la gente, quienes observaron una anormalidad, pues nunca habían visto un torrente  de tal magnitud que en ese momento amenazaba con rebasar el puente real, estructura  que unía  ambos extremos del pueblo. Se prendieron las alarmas, sobretodo en quienes cerca del puente, miraban el enorme caudal del rio. Al fuerte olor a lodo y tierra, se unió un estruendo, producido por troncos, árboles, piedras y otros sedimentos que la riada traía, siendo escuchado en todo el poblado. A eso de las 8:55 pm, dicho olor se hacia insoportable y el ruido era ensordecedor, una especie de ronroneo y golpeteo muy fuertes hacían parte de éste, atemorizando al poblado. Vino entonces el desenlace en tan terrible momento: El furioso río rebasó el puente, un gran caudal asimismo se introdujo por la calle Bolívar, drenando con dirección hacia la llamada plazoleta del chaguaramo, otra masa de agua entró por el antiguo callejón que era lugar de parqueadero de caballos, donde hoy se haya el escenario, inundando todo el centro del pueblo .

Del lado de la calle Bolívar se escucharon gritos de auxilio y gente corriendo hacia distintos lados , buscando las partes altas para salvarse: “Auxilio, auxilio ! se metió la creciente, corran, corran“  y entonces vino el desastre: Las furiosas aguas que arrastraban todo a su paso , primero impactaron una vivienda donde funcionaba una panadería llevándola por completo, al frente hacía lo propio con un estacionamiento y dos vehículos allí estacionados,  en el  otro extremo el club social “El molino” y parte de otra vivienda, asimismo eran impactados . Antes la crecida en el sector “La planta“ acabó con tres viviendas a la vera del río, unos kilómetros más arriba de allí arrasó con el puente en el llamado “ paso del río “ en la vía que conduce a la comarca de los llanitos. Al llegar a la zona central, destruyó el puente real y de inmediato un grupo de casas y locales comerciales llevándoselos por completo en fuerte arremetida.

Momentos antes el Señor Roger Leal ( ) conocido comerciante, se hallaba a las afueras de su negocio, se quedó mirando la creciente, era la única persona que permanecía allí cerca del puente, los demás ya se habían alejado por precaución. Notaron que el agua al meterse a la calle, subía el nivel y Roger permanecía allí recostado al poste de luz al lado de su negocio. Comenzaron a gritarle del lado del parque “Roger, Roger, salgase de ahí corra se lo va llevar el agua” pero este no escuchaba o hacía caso omiso. Cerca del negocio de Jesús Ojeda, estaban dos muchachos Abelardo Pérez  y Francisco Delgado. Quienes al ver a Roger, uno de ellos se amarró una cuerda a la cintura  para rescatarlo, pero fue imposible, a mitad de la calle el agua tapó al muchacho y nadando se devolvió.  Estos dos jóvenes salvaron sus vidas, porque subieron al techo de ese negocio. En eso se escuchó en el pueblo un enorme  estruendo en el puente que hizo temblar hasta  las calles, se  fue la luz, Roger Leal, quien fue víctima de la tragedia, junto a su negocio fueron arrastrados,  pereciendo  ahogado,  encontrando su cuerpo  unos cuantos metros más allá entre las calles Bolívar y Sucre en horas de la madrugada. Previo a este lamentable suceso, la gente que se  ubicaba al otro lado del pueblo, en el momento del deslave, despavoridos comenzaron a gritar“ Se metió el río, corran hacia arriba, corran“ emprendimiento veloz carrera por las calles Comercio y Urdaneta, hasta la iglesia donde un numeroso grupo se refugió. El Señor Clemente Delgado,  recordado sacristán,  abrió las puertas de la iglesia e hizo sonar las campanas  pidiendo auxilio y piedad al todopoderoso. Una Señora de tercera edad,  desesperada al escapar de su casa rumbo a la iglesia, se hincó en plena calle Urdaneta rogando misericordia, del........

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