La Imaginación Sagrada para una Semana Mayor | Por: José Luis Colmenares Carías
Por: José Luis Colmenares Carías
En este tiempo de Semana Santa, la reflexión suele dividirse entre lo espiritual y lo racional. Sin embargo, la ciencia de vanguardia nos sugiere que esta división es artificial. Según el reciente documental de DW (¿Qué distingue a los humanos de los animales?), lo que realmente nos separa de otras especies no es el intelecto, la capacidad mental, el lenguaje o la cultura —atributos que, en grados sorprendentes, compartimos con chimpancés, delfines y cuervos—. El salto cuántico del Homo sapiens ocurre en la capacidad de generar símbolos y, fundamentalmente, en la imaginación. Es aquí donde la distinción antropológica entre la religión y lo religioso cobra una relevancia sistémica y emocional vital para nuestra supervivencia.
El Salto de la Imaginación: Más allá de la Biología
Para no perdernos en la semántica, antropológicamente, la religión es el ‘contenedor’: la infraestructura de dogmas, ritos y jerarquías que organiza la fe. En contraste, lo religioso es la ‘sustancia’: esa capacidad innata de asombro ante lo numinoso y lo trascendente. Mientras la primera es la institución que preserva, la segunda es el impulso universal de ‘religar’ nuestra existencia con una totalidad que nos supera.
Como señala la arqueóloga Penny Spikins en el documental, la imaginación es el «reino de la especie humana». Es la facultad de sentir gratitud por alguien que no vemos o de otorgar un sentido sagrado a un atardecer o al nacimiento de un hijo. Esta capacidad de imaginar lo invisible nos permitió crear........
