José y lo que no puede volver a suceder | Por: David Uzcátegui
La historia de José Breijo duele. Duele porque retrata, de cuerpo entero, una de las caras más tristes y devastadoras de la Venezuela contemporánea. Indigna porque habla de abuso, de desprotección y de sufrimiento humano. Pero, sobre todo, hiere porque ningún venezolano debería atravesar algo así.
Breijo, un hombre de 73 años, venezolano y uruguayo, fue finalmente liberado, tras pasar más de dos años detenido. Lo lógico habría sido pensar que al recuperar su libertad comenzaría el camino hacia la tranquilidad, hacia el descanso, hacia el reencuentro con su hogar y con algo de dignidad después de tanto sufrimiento. Sin embargo, la realidad fue otra: su apartamento había sido invadido por un funcionario policial presuntamente vinculado con su detención.
La escena parece sacada de una pesadilla. Un hombre anciano, enfermo, recién salido de prisión, durmiendo en el pasillo de su propio edificio porque no podía entrar a su casa. Un ciudadano que perdió años de vida encerrado y que, al regresar, descubre que también le arrebataron su espacio, sus pertenencias, sus recuerdos, su intimidad. Su hogar había sido desvalijado. Hasta la ropa se llevaron.
Esto no puede seguir pasando. Venezuela tiene que detenerse y mirarse........
