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Las Cabezadas, tradición y tipismo

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friday

Creado: 24.04.2026 | 06:00

Actualizado: 24.04.2026 | 06:00

Real Colegiata de San Isidoro

El sello de la tradición, con su tinta indeleble, impregna el secular acto de Las Cabezadas, ceremonia intrínsecamente leonesa, que el último domingo de cada mes de abril tiene como escenario el claustro de Fonseca de la Real Colegiata Basílica de San Isidoro, marco procesional donde se reproduce y rubrica esta estampa cívica, religiosa y multicolor, conocida también como del Foro u Oferta, que atesora más de ocho siglos.

Este ceremonial, pleno de cortesías y reverencias por parte de los munícipes legionenses y los capitulares isidorianos, remonta sus orígenes a los mediados del siglo XII, concretamente, al año 1158. Y es consecuencia de una procesión de rogativa. El P. Risco, [Historia de la ciudad y corte de León y de sus reyes, 1792, p. 55-56], lo resume de esta forma: «A causa de una grande y larga sequedad, sacaron en procesión el cuerpo de San Isidoro y le llevaron hasta cerca de Trobajo del Camino [a] dos millas de la ciudad. Lograron repentinamente el beneficio de las aguas; pero el cuerpo del santo se hizo inmoble, hasta que por las oraciones de la muy religiosa Infanta y Reina Doña Sancha, hermana del emperador Don Alonso [Alfonso VII], se hizo tan leve, que se dejó llevar de cuatro niños con admiración de todos los circunstantes. Para memoria de este prodigio, se fabricó en aquel lugar [se refiere, por supuesto, a Trobajo del Camino] una ermita que se dijo San Isidro del Monte, a la cual acudían muy de continuo los pueblos cercanos, a pedir remedio para sus necesidades». Doña Sancha, primogénita de la reina de León Urraca I y de Raimundo de Borgoña, conde de Amerous, era tía de Fernando II, a la sazón rey de León. Fallecida el 28 de febrero de 1159, está sepultada en el panteón real de la citada Basílica dedicada al Doctor de las Españas, a quien consideraba como su «muy amado esposo». Tan ejemplar fue la trayectoria vital de doña Sancha que en su epitafio se grabaron calificativos de este tenor: «Espejo de España, belleza del orbe, gloria del reino, culmen de justicia y cumbre de piedad, conocida en todo el mundo como santa por sus méritos». En la antedicha dominica abrileña, hasta el feudo isidoriano se desplaza la Corporación Municipal «en forma de ciudad». Y lo hace con arreglo a los dictados protocolarios, «que pendían sólo de la memoria», recopilados en 1693 por el Marqués de Fuente Oyuelo, en su inmarcesible obra «Políticas Ceremonias con que se gobierna la ciudad de León». Por ello, con arreglo al ritual señalado por el mencionado noble leonés, el Corregimiento, que lleva consigo el Pendón Real de León, enseña de damasco de un intenso color púrpura, que es el color imperial, al filo del mediodía, alcanza la plaza del arzobispo hispalense. Como signo visible de su oferta, porta un cirio miniado con la imagen de San Isidoro, «Patrono de este nobilísimo Reino» y el escudo de esta antigua Capital del Viejo Reino, así como dos hachas de cera. Otras dos de éstas, en concepto de limosna, de acuerdo con el formalismo establecido, ha hecho entrega antes al párroco de San Marcelo, que aguarda el paso de la comitiva edilicia muy cerca de la puerta sur del templo dedicado al Santo Legionario, patrón de la ciudad. Poco después hace acto de presencia el cabildo colegial isidoriano, presidido por su abad, acompañado por las damas y caballeros de la Real e Imperial Cofradía del Milagroso Pendón de San Isidoro, fundada en 1147 por el emperador Alfonso VII, segundogénito de la reina Urraca I y de Raimundo de Borgoña, antes citados. Una vez requerido por los emisarios municipales, que van en su busca, —el edil de más edad, la secretaria del Ayuntamiento y el Intendente Jefe de la Policía Local-— el abad acude al encuentro del Corregidor. Se cambian e intercambian los saludos de rigor. Luego, del brazo, ambas autoridades, a la vez que se interpolan canónigos y ediles, se encaminan al interior de la Basílica. Su destino no es otro que el mencionado espacio claustral, donde se lleva a cabo la ceremonia del «Foro u Oferta». El síndico municipal, —en esta edición ha sido designada síndica Camino Orejas, concejala de Comercio, Consumo y Fiestas— defiende en sus tres intervenciones, siguiendo los dictámenes del citado Marqués de Fuente Oyuelo, que la ofrenda «es devoción voluntaria y obsequio a tan grande Santo, y lo pide por testimonio», y lo hace con determinación y rotundidad. Por su parte, el capitular —en esta ocasión el Ilmo. Sr. Abad de la mencionada Real Colegiata Basílica de San Isidoro, Rvdo. Sr. D. Luis García Gutiérrez— alega en otras tantas intervenciones, impregnadas de firmeza y seguridad, que es voto u obligación. El acuerdo brilla por su ausencia. Y así lo reflejan los secretarios de ambas instituciones, levantando las correspondientes actas. Y hasta el año que viene. A continuación, se celebra la solemne Eucaristía. Y a su término, toman carta de naturaleza Las Cabezadas, es decir, las tres profundas inclinaciones de cabeza que, simultáneamente, realizan los miembros del Cabildo Isidoriano y los componentes de la Corporación Municipal a manera de despedida. Así finaliza este ceremonial secular, en palabras de don Antonio Viñayo, inolvidable abad de la supradicha Real Colegiata Basílica de San Isidoro desde 1971 hasta su jubilación en 2003, y luego abad emérito de la misma hasta su óbito el 13 de diciembre de 2012, «la fiesta más típica y más folclórica de cuantas se conocen en la ciudad, llena de tradiciones y de tipismo, y que el pueblo conoce con el nombre de Las Cabezadas (…) sometidas a un complicado y puntilloso protocolo medieval».


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