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Tres citas a ciegas

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17.03.2026

Creado: 17.03.2026 | 06:00

Actualizado: 17.03.2026 | 06:00

Ya he regresado de mi primer viaje con el Imserso. Nos llevaron en autobús hasta un hotel en Malgrat de Mar, en Girona, donde el conductor se despidió del grupo con un: «Adiós, haced el amor y no la guerra». Una octogenaria contestó: «¡Eso, eso!». Ha sido una vivencia turística muy grata… con la justa duración, unos días más y me pongo Panza. En el self service, todo muy rico y muy abundante. ¿Acaso, quieren matarnos, para ahorrarse pensiones? Como la cabra tira al monte, en la Universidad de Girona hablé sobre humor cervantino, invitado por el catedrático Jorge García López, gran biógrafo del alcalaíno y prestigioso editor. No nos conocíamos personalmente, luego tuvo algo de cita a ciegas. Fui feliz en mi regreso al aula. Espero no haber sembrado de calabazas su clase. Asimismo, de nuevo, en Malgrat, en el bar don Quijote, tuve otra cita a ciegas, esta con el profesor Toni Barrionuevo; solo nos conocíamos por la Red y me traía el libro Escenas galantes de las mujeres del Quijote (Letras Minúsculas), de parte de su autor, Pedro Pérez Nicolás. En sus páginas, La Mancha tiene mil y una noches, ya habrán deducido. A lo largo de veinte capítulos, don Pedro ha imaginado un Quijote verde; al menos los de Padrón unos pican y otros no, aquí todos los párrafos pican, es un no parar. «¡Esto es cervanporno?», exclamé, fingiendo estupefacción, al leer una línea al azar. Y Barrionuevo respondió azorado: «A mí que me registren, solo soy le mensajero». Al despedirnos, y por lo bajini, me pidió que, una vez lo hubiese leído se lo pasara. Lo haré, pero con vuelta... está dedicado. Además, quiero pasárselo también al chofer del autobús.

Aún tuve otra grata cita a ciegas: en Vilanova, con el gran filólogo Jordi Aladro, recién llegado de California, en cuya universidad imparte docencia. Por fin, coincidimos. Cuánto sabe y cuánto se le quiere; si además fuera del Real Madrid me lo llevaba a casa de mayordomo. Los dos veníamos de degustar sendas calçotadas. ¡Y luego los leoneses decimos que nuestro botillo es fuerte!

De nuevo en el hotel, en el tentador self service nocturno solo pequé con un yogourt. ¿Alguien me imparte un taller de gimnasia por uno sobre el Quijote? Ah, la jubilación. Ah, la vida…


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