menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

Si ellos caen

22 75
17.02.2026

Creado: 17.02.2026 | 06:00

Actualizado: 17.02.2026 | 06:00

Apoyo la iniciativa del Gobierno de prohibir el acceso a las redes sociales a los menores de dieciséis años, aunque la intuyo difícil de aplicar. Estamos ante un reto de civilización: las grandes empresas tecnológicas quieren adictos, no les basta con usuarios. No es progreso, sino capitalismo salvaje. Sus productos alteran el ritmo con el que tenía lugar la paulatina integración en el mundo adulto, ahora ya no a lo bueno sino a lo tenebroso. Demasiados valores dinamitados, demasiadas torres que no debimos dejar caer, demasiados flautistas de Hamelín. Pero no demonizo por se a las nuevas tecnologías; el problema no es la herramienta, sino para qué la utilizas y a qué edad. Ya, ¿pero quién lo dictamina? Y esto no se soluciona solo con normas propias en cada casa, pues la convivencia familiar se enfrenta a un enemigo poderoso, fascinador ¿y malvado? No pretendo que los críos vuelvan a jugar a la peonza, además nuestras calles y patios de recreo nunca fueron paraísos de convivencia… pero resulta obvio que hoy es más difícil ser inocente y gozar de un paréntesis emocional, que tanto les posibilitará luego su equilibrio interior futuro. ¡Es tan dura la vida adulta que les espera! Leí el domingo pasado el excelente reportaje de Susana Vergara, en Revista, en el que abordaba el problema de los jóvenes «enganchados» a través de móviles y pantallas. El mejor periodismo no solo informa; además, ayuda.

Cada adolescencia es un enigma. Siempre ha sido fácil «caer», pero ahora hay más posibilidades de hacerlo mediante fascinantes mundos irreales, que actúan de «malas compañías». A la vez, toda está inventado: el amor de los padres, un profesor que no se rinde, la suerte y el milagro, nuevos amigos, atención especializada… pueden ser vías de ayuda. Por supuesto, muchos no son conscientes de sus propios grilletes.

Santa Teresa de Lisieux acuñó el término: «infancia espiritual», como anhelo para todas las etapas de la vida. La inocencia vivida protegerá luego al adulto de la dureza de la vida. Es la felicidad, la individual y la social, la que peligra. Nuestra preocupación es por los menores, pero también por nosotros. Si ellos caen, cae el presente. En definitiva, el futuro.


© Diario de León