menu_open Columnists
We use cookies to provide some features and experiences in QOSHE

More information  .  Close

Que alguien frene a este bárbaro

11 0
13.04.2026

Creado: 13.04.2026 | 06:00

Actualizado: 13.04.2026 | 06:00

Son muchos los ciudadanos que rechazan categóricamente los regímenes totalitarios que pretende liquidar el nuevo Jesucristo Salvador Trump, según vidente y consejera espiritual turiferaria de la Casa Blanca. Lo que ocurre es que no se atreve a hacerlo con los regímenes fuertes, solo con los débiles o con los que considera tales. Sucede, además, que debería empezar por la propia dictadura que él mismo está creando, donde el principio básico es «hágase lo que dicen mis pelotas», sagradas, por supuesto, proyectado en el exterior como el necesario y creciente recurso a la fuerza como razón del orden mundial (su país está en el límite de una profunda crisis moral, política y democrática). Añádase que el bárbaro americano, poco previsible por primario y ególatra supino, cambia tanto y tan rápidamente de opinión, que de los motivos iniciales de las invasiones —es jefe caprichoso de patio de colegio, matón— no queda nada, porque, en realidad, tiene otros intereses.

Parece incluso que esos motivos iniciales no solamente no han desaparecido, sino que se han fortalecido. Pero a Trump solo parece interesarle enriquecerse sin límites, sometido a una avaricia que no entiende de fronteras. Y cuando alguien no está de acuerdo con sus planteamientos, recurre al insulto rastrero o la amenaza sanguinaria, tanto que convertirá a regiones, países y culturas en paisajes de los Picapiedra. Ojo al asunto, que él se mueve con soltura en aquellas épocas de las piedras, las estacas y los garrotes. De ahí que el «Detengan a este salvaje» se haya convertido en un clamor en no pocas partes del mundo.

El recurso a la purga interna y a la persecución radiada. Ay de quien no quiera ayudarle a salir de los fangos consecutivos en que él solito se mete, con la anuencia de otros dislocados como él, algunos de los cuales, al parecer, lo tienen atrapado por sus pelotas sagradas. Léase, por ejemplo, otro de parecida calaña, Netanyahu.

Estos locos de atar, megalómanos y, por tanto, muy peligrosos para la estabilidad del mundo —la que queda—, juegan permanentemente con fuego y les encanta ver el mundo patas arriba, y mejor sin patas ni cabeza. Así se nota menos lo que a ellos les falta. Un matón sin vergüenza que se divierte viendo caer sus misiles destruyendo vidas y arrasando pueblos y ciudades, disfrutando de los episodios de barcos hundiéndose con personas muriendo por ahogamiento. Semejante crueldad de paranoico me trae a la memoria la de otro emperador, romano en este caso, el Nerón de la tiranía y la extravagancia, aquel que, según cuentan sin total veracidad, disfrutó viendo arder Roma. De emperador a emperador, vulnerando el derecho humanitario y gozando de la destrucción y la muerte. ¿Nadie será capaz de frenar tal barbarie? La próxima, que no la última si no hay freno, será Cuba. Pasará, de no haber remedio, de una dictadura a otra porque «me da la gana». ¿Qué ocurrirá? Posiblemente nadie lo sabe. El republicano espera que la dura y angustiosa desesperación de los cubanos conduzca al diálogo. ¿Puede haber mayor crueldad?

Tomen nota de este proyecto rocambolesco con sus crecientes desmanes Ursula von der Leyen y Mark Rutte, capaces de renunciar a principios de calado para dedicase al peloteo y el sometimiento, lo que pone en duda su presencia y capacidad en cargo de responsabilidad. Ojo a los patriotas de pacotilla y bandera entre nosotros, que no se definen nunca con claridad, como siempre, salvo en lo que les dictan unos pocos —el setenta por ciento de españoles no quiere la guerra—, que intentan retorcer los argumentos para salvar exclusivamente sus intereses abrazando y apoyando al imperialista descabezado y destructor que parece creer que el mundo es un gran tablero donde él mueve las fichas a su antojo. Excepto, claro, cuando las piezas están en países fuertes. Y es que, en el fondo, además de irresponsable supremo, es un miedoso, que no sabe cómo responder cuando alguien le planta cara. Tenemos que plantársela, porque su destrucción afecta a todos y a la vista de todos está. Qué prototipo de la maldad y la suprema estupidez.


© Diario de León