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Sánchez global

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22.04.2026

22 de abril 2026 - 03:07

Después de la cumbre de Barcelona, el presidente Sánchez parece postularse como capitán de la izquierda internacional y de esa vasta fracción del mundo, el sur global, que tomó su nombre, un tanto vago e inexacto, en la segunda mitad del siglo XX. Este caudillaje altermundista del presidente Sánchez coincide con su reiterado alejamiento de Europa en varios aspectos relevantes: por ejemplo, en su solitaria aproximación a China, en el cierre de las centrales nucleares y en la regularización masiva de inmigrantes. De todos ellos, el más importante, por lo que atañe a Europa, quizá sea la desventajosa relación de España con la dictadura china. Desventaja que no solo concierne al aspecto económico e industrial, sino cuestiones como la seguridad, que acaso nos procuren un mayor aislamiento en el continente.

Este mismo aislamiento, mediante el cierre de fronteras, es el que se nos advertía desde algunos países de la UE por la regularización en marcha. Todo lo cual parece dirigirnos, sin ganancia alguna, a una situación de buscada marginalidad, cuya razón se ignora. En lo que el presidente Sánchez no parece adherirse a China es en su recurso exponencial a la energía nuclear, inigualado en el mundo, del que resultará tanto una futura independencia energética como la reducción de sus emisiones de carbono. Este recurso a las nucleares también se ha incrementado, más modestamente, en Europa, incluso en la reacia Alemania, con la notable excepción española, cuya exigua política nuclear quizá no fuera ajena al apagón del año pasado. Así se desprende, al menos, de los audios aportados a la comisión de investigación del Congreso.

En lo que respecta a China, podría argumentarse que esta forma de actuar obedece al reciente enfrentamiento del Gobierno español y el estadounidense. Sin embargo, el desencuentro de dos democracias contrastadas no justifica la singular inclinación del señor Sánchez hacia la tiranía asiática. Tampoco cabe aducir ventajas materiales o sociales en las otras cuestiones. Ni la fragilidad de la red energética ni el miedo inducido al inmigrante son políticas razonables. Cuáles son, pues, las razones que mueven a este Sánchez global, cuya globalidad parece dirigirse extramuros de Europa. Y qué progresismo es ese que elude su cuna europea. Un gallego diría, probablemente, que “nin se sabe”.

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