La ultraderecha se desfonda
Son buenas noticias para la salud democrática y malas para la ultraderecha. A la derrota de Viktor Orbán en Hungría el domingo se ha venido a sumar el reposicionamiento de Giorgia Meloni respecto de las guerras ideológicas y militares de Donald Trump. A la primera ministra italiana no le ha gustado el genocidio de Gaza, perpetrado por Israel con el respaldo del presidente estadounidense, ni le gustan los ataques a Irán y al Líbano, ni tampoco las arremetidas contra el Papa. Al fin y al cabo, el Vaticano está enclavado en el centro de Roma y buena parte de la población italiana profesa el catolicismo. Como la mayoría de quienes integran ese movimiento trumpista del MAGA (Make America Great Again), lo que no ha impedido que la megalomanía de Trump le llevara a presentarse como Jesucristo. Es tan flaco el favor que les está haciendo el presidente de Estados Unidos a sus aliados europeos que hasta Meloni, que parecía su máximo puntal, le abandona. Ya antes había puesto distancia la ultra francesa Marine Le Pen.
Con las guerras de Trump, la extrema derecha se va desfondando en Europa y, probablemente también, en España. Aquí, las encuestas auguran un estancamiento de Vox. El 17 de mayo, en las elecciones andaluzas, se verá si es así o no. De momento, lo que se sabe es que el descenso internacional de su espacio político agrava la crisis interna de los ultras españoles, que parecía hacerles poca mella. Pero ahora con los socios fundadores de Vox, que Santiago Abascal se ha ido quitando de en medio sin disimulo, dispuestos a desvelar turbios asuntos de financiación y de falta de democracia interna (¡qué ironía!), la situación se les está poniendo cuesta arriba. La cosa puede empeorar más si el vicepresidente de Estados Unidos, J.D. Vance, decidiera hacer campaña por ellos como hizo por Orbán. Tal vez haya que agradecerle a Trump que, con sus veleidades bélicas, acabe por hundir a la extrema derecha europea. A costa, no se puede ni olvidar ni perdonar, de miles de muertos, de destrucción masiva y de una alarmante crisis mundial.
Suscríbete para seguir leyendo
