La política como salida laboral
La dimisión del secretario general de Nuevas Generaciones del PP, Carlo Giacomo Angrisano, y su petición pública de voto para Vox han sido recibidas en Génova con una mezcla de ironía y desdén. Sin embargo, más allá del rifirrafe político o del componente personal, este episodio pone sobre la mesa cómo las organizaciones juveniles de los partidos se han convertido en una suerte de oficinas de colocación.
El relato que hacen desde el PP para minusvalorar el impacto de la dimisión de Angrisano resulta revelador. Según la dirección del partido, llevaba tiempo intentando encontrar encaje profesional dentro de la estructura política de la formación. Primero pidió ir en las listas al Parlamento Europeo y, al no conseguirlo, solicitó un puesto como asesor en la Eurocámara para tener “empleo, sueldo y vinculación con la política”. El partido se lo facilitó, aunque afirma que fue cesado por no aparecer por Bruselas, versión que el interesado niega.
La explicación de Génova describe con bastante precisión el funcionamiento habitual de estas estructuras orgánicas, convertidas a menudo en espacios donde muchos cuadros jóvenes construyen una carrera política antes incluso de haber tenido una trayectoria profesional fuera de ella.
Las juventudes de los partidos nacieron como espacios de formación política, debate ideológico y movilización generacional. Sin embargo, se han acabado integrando en las dinámicas internas de los partidos y han asumido las lógicas del aparato, sustituyendo en muchos casos al activismo juvenil por la lógica orgánica. Algo así como una cantera de cargos públicos sin vida laboral más allá del partido.
Este modelo, además de generar sumisión a la organización, supone una distancia sideral con la mayoría de los jóvenes. Mientras estos encadenan contratos, alquileres inasumibles o carreras profesionales inestables, una parte de las élites juveniles de los partidos construye su trayectoria en el ecosistema orgánico. La política, convertida en una salida laboral.
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