Viajar al pasado: la hemerotecade Diario de Ibiza (IX)
La Ibiza en blanco y negro / Toni Escobar
A través de la hemeroteca proseguiré hoy con el tema de los comienzos de la industria turística ibicenca, en el periodo comprendido desde principios del siglo XX hasta 1936. En esta ocasión toca repasar la cuestión del transporte marítimo a la isla, vital para esta, dado que era el único medio de comunicación que la conectaba con el exterior. Los aviones estaban aún muy lejos de hacer acto de presencia. De todos modos, incluso habiéndose consolidado ya el transporte aéreo décadas después, lo ideal era el barco: «A Ibiza hay que llegar por mar y encontrarse de frente la ciudad», tal como afirmó Josep Pla (citado por Vicente Valero en ‘Viajeros contemporáneos. Ibiza, siglo XX’). Esa primera impresión de la isla es imborrable, ¡y pobre quien no haya roto su ‘himen visual’ con Eivissa de esa manera, qué pena me da!
En cuanto al transporte marítimo regular de la Península con nuestra isla, como preámbulo me remontaré a 1867, año en que el archiduque Luis Salvador de Austria la recorrió entera. En ‘Las Antiguas Pitiusas’, obra que recoge las impresiones de su viaje, destaca la gran expectación que suscitaba en la población la llegada del vapor semanal desde València, de donde zarpaba los martes a las tres de la tarde, para llegar a Ibiza a las seis de la madrugada siguiente. Pese a ser una hora tan temprana, constituía el acontecimiento semanal más celebrado. «Aún de madrugada», comenta este autor, «al verlo enfilar la bocana el sereno añade a su plática habitual: ‘¡Vapor!, ¡vapor!’, como aviso a quienes pretendan embarcar en aquel o en beneficio de los que simplemente desean saber a qué hora ha llegado a puerto».
El archiduque llega a decir........
