In memoriam Vittorio Messori
08 de abril 2026 - 03:06
El pasado Viernes Santo, a los 84 años, murió Vittorio Messori en uno de esos lugares terrenales que pueden calificarse de paradisíacos: Desenzano del Garda, a la orilla del lago más grande de Italia. El castizo “de Madrid al Cielo… y un agujerito para verlo” se puede decir con mayor verdad del tránsito de Messori desde esta bella y pequeña localidad bresciana situada en un entorno privilegiado que él amó y defendió con un ímpetu de ecologismo franciscano que le llevó a crear una iglesia a cielo abierto, en la que liturgia, oración y naturaleza se fundían, a la que llamó Santuario de la Virgen de los Olivos. Muy cerca tenía la espléndida abadía de Maguzzano, cuyo origen se remonta al siglo IX, manteniendo con su comunidad, de la Congregazione dei Poveri Servi della Divina Provvidenza, intensas relaciones espirituales y culturales.
Por tratarse de un escritor católico reductivamente tenido por conservador, y haber muerto durante nuestro gran puente de Semana Santa, la noticia no ha tenido la repercusión que su obra merece. Quizás olvidado por los cristianos más jóvenes, los de más edad recordarán la enorme difusión e influencia que tuvieron sus libros Hipótesis sobre Jesús, Informe sobre la fe (en diálogo con Joseph Ratzinger), El desafío de la fe, Cruzando el umbral de la esperanza (en diálogo con Juan Pablo II) o Apostar por la muerte. La propuesta cristiana: ¿ilusión o esperanza?, cuyo contenido esperanzado ahora ha podido confirmar.
Toda su obra nació de un imprevisto encuentro con Cristo cuando consultaba los Evangelios para un trabajo de investigación. Formado en una familia atea y anticlerical, alumno de un instituto turinés “donde no se hablaba de religión más que para inculcarnos el desprecio teórico hacia ella”, discípulo de Norberto Bobbio, fue un converso llamado de forma fulgurante e irresistible. A Dios no se le elige, como si fuera una opción ideológica o filosófica entre otras, es Él quien elige. El llamado solo responde asintiendo o negando. Y tras el Evangelio, Pascal: “Me guio Pascal: un hombre de hace 300 años, también laico convertido, que razonaba como yo, que no quería renunciar a la razón y que, antes de rendirse a la fe, deseaba agotar todas las posibilidades”. Las agotó. Y dedicó su vida a conciliar fe y razón. Descanse en paz.
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