La pasión según San Juanma
02 de abril 2026 - 03:07
Llegada la Semana Santa, Juanma Moreno ha logrado el milagro de su propia multiplicación, cual boquerón del Mar de Galilea. Ha cambiado el autobús electoral por una larga procesión que recorre toda Andalucía. En Sevilla, lo mismo lo hemos visto agarrar el llamador del Nazareno del Cerro del Águila, hermandad pionera en el regional-catolicismo (versión crepuscular y light del nacional-catalocismo), que asistir como padre a la salida de sus niños en La Borriquita. Dicen que vuelve en la Madrugada para acompañar también a la descendencia en la Esperanza de Triana. San Telmo bien merece una cofradía, aunque sea una de esas interminables con más nazarenos que arenas en la mar. Nada que criticar. No ponemos en duda el fervor del presidente de la Junta y mucho menos su amor de padre. Pero no hay ninguna ley humana o divina que impida matar dos pájaros de un tiro. Desde que los albores de la civilización, las relaciones entre los políticos y la religión han sido, por lo general, fructíferas para los primeros. Para la izquierda también. Solo los fanáticos no han comprendido esta máxima. Felipe González, criado en el cristianismo social, se negó a repetir los errores anticlericales de sus ancestros de partido y el llamado “urbanismo morado” fue creado en época de Sánchez Monteseirín. Antonio Muñoz, alcalde por accidente, no dejó una hermandad por visitar. Fue su forma de decir que quería ser un alcalde de todos, sin sectarismos. No se le reconoció lo suficiente, en parte por la alargada sombra de Sánchez. Volvamos a Juanma, político zorro donde los haya. Sabe hacer una campaña sin pedir el voto y eso es una habilidad que no se debe desdeñar. Probablemente consiga más apoyos con una vara o cargando un trono que desgañitándose en un mitin. La Andalucía de hoy es mucho más folclórica que la de hace 50 años. No es de extrañar en un mundo que ve en la identidad un refugio ante los vaivenes sociológicos y geopolíticos que nadie termina de comprender. Desde sus inicios, Vox puso especial hincapié en la defensa de fenómenos como la Semana Santa, incluso cuando era evidente que en Andalucía no estaba amenazada. Juanma, con su capillismo militante, intenta tapar otra de las grietas por las que se le puede escapar la mayoría absoluta en favor de su rival por la derecha. Su pasión es doble, personal y política, dos conceptos muy difíciles de separar.
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