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Escuchando hablar a Piglia…y a Borges

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18.08.2026

Siempre que estuve en la casa de Jorge Mara en Buenos Aires salí de allí como si hubiera estado o en la escuela o en la universidad o en una clase a la que acudieran a la vez, por ejemplo, Jorge Luis Borges y Ricardo Piglia.Este último estuvo, por cierto, en la casa de Mara una vez que tuve la suerte de estar por allí, escuchándolo. Era impresionante como hablaba aquel nombre propio de la cultura literaria de uno de los países más cultos del globo. Por encima de las voces de los otros, Piglia se elevaba con la autoridad de una enciclopedia y nos dejaba a todos callados y alegres, como si estuviéramos en el día en que se inventaron el cine y la escritura.Escuchar allí a Piglia, ante un grupo de amigos que le discutían o le reían o le preguntaban, fue uno de los mayores placeres que ha tenido mi vida como lector, como periodista, y como ser humano. Otra vez lo escuché ante una multitud en México, donde hablaba como si estuviera recién llegado de un aprendizaje que acabara de llegarle, por ejemplo, de la voz de Borges o de su propia infancia.Piglia vino a Madrid algunas veces, que yo supiera, y tuve ocasión de escucharle hablar con mucha gente delante, en la inauguración de la obra (y qué belleza) de Eduardo Stupía, en el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Quizá fue entonces o en otro momento, pero lo cierto es que lo veo también sentado ante mí en un sitio como el Café de Gijón de Madrid (que es como los cafés mejores de Buenos Aires), hablando de todo lo que le venía a su mente, a las de sus padres… y a la de Borges.Recordarlo hoy es subrayar lo que me dijo Piglia: “Tengo recuerdos que de hecho son imágenes de las que muchas veces no tengo claro en que se han construido. He tratado de seguir ciertas repeticiones, por ejemplo, la línea de los libros que recuerdo. El primer recuerdo que tengo es el de mi abuelo leyendo y la sensación de asombro que........

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