Alucina, vecina
Hay días en los que una abre la boca y no sabe muy bien qué va a salir. Estás en una conversación, todo va bien, y de pronto alguien suelta un “random”, un “literal”, un “me renta” o un “bro”… y tú asientes, sonríes… y sigues. Ni tan mal. Incluso te sale un “ok” con naturalidad, por si acaso. Aunque por dentro estés pensando: “Vale… creo que lo he entendido”. Y haces ese pequeño esfuerzo por no interrumpir, por no romper el ritmo, por no quedarte fuera de la conversación.
Pero luego, sin darte cuenta, te sale un “ni hablar del peluquín”. Así, sin avisar. Y ahí ya cambia todo. Se hace un pequeño silencio, o aparece esa cara de “¿perdón?” que te confirma que algo no ha encajado del todo. No pasa nada, tampoco es para montar un pollo, pero en ese momento te das........
