EXPLOSIVO EN UNA DISCOTECA, columna de Iván Slocovich Pardo
Si hace un año creíamos que con el atentado dinamitero contra la sede principal del Ministerio Público en Trujillo ya habíamos visto la máxima expresión de atrevimiento y salvajismo de la delincuencia que ahorca a esa ciudad desde hace casi 20 años, pues nos quedamos cortos. En la madrugada del último sábado hemos sido testigos de un ataque con granada de guerra dentro de una discoteca, que ha dejado 33 asistentes heridos –cuatro de gravedad– y la sensación de que la criminalidad avanza y las autoridades siguen mirando a otro lado.
De ataques selectivos a balazos de parte de bandas de extorsionadores que llevan muchos años inmersas en el delito, se había pasado a la colocación de petardos de dinamita en la fachada de casas o locales comerciales de propiedad de víctimas de amenazas. Se tomaban como acciones de amedrentamiento, especialmente en las madrugadas, sin la aparente finalidad de causar víctimas. Finalmente se vio lo de la sede del Ministerio Público, un lugar supuestamente resguardado.
Sin embargo, lo ocurrido en las últimas horas en la discoteca Dalí, del distrito de Víctor Larco Herrera, es ya un intento de asesinato masivo de gente inocente. No hay vuelta que darle. El que no haya alguna persona muerta, debe ser tomado como un milagro. De ataques selectivos a balazos y petardos colocados en fachadas, se ha pasado a poner explosivos en lugares con concentración y aglomeración de gente. “Al que le cae le cayó”, parecen decir estos criminales.
En medio de esto, ha sido indignante leer en redes sociales un mensaje de César Acuña, el exalcalde de Trujillo, exgobernador de La Libertad y actual candidato presidencial, quien con total desparpajo y cinismo ha “condenado” este ataque, como si este personaje que andaba de vacaciones y licencias fuera del país en lugar de trabajar por quienes cometieron el error de votar por él, no fuera uno de los grandes responsables de la tragedia que se vive en la mencionada región.
Lamentablemente al gobierno de José María Balcázar, que llegó al poder con los votos de la bancada de Acuña, no se le puede pedir nada. Y mientras tanto, ¿qué más viene en Trujillo?, ¿una balacera en la plaza de armas o en la puerta de un colegio al momento de la salida?, ¿una bomba en un mercado lleno de comerciantes y clientes? Por cierto, ¿ya salió el plan contra la inseguridad que ofreció el censurado José Jerí y que la nueva gestión presidencial iba a retomar?, ¿qué están esperando?
