Durazo, la perversión de la ingratitud
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El ingrato sufre y se atormenta para borrar el favor recibido y en su espíritu sólo queda el rencor.
Alfonso Durazo sería un don nadie sin Luis Donaldo Colosio, que lo tuvo de secretario particular, del que se quejaba en privado y a algunos amigos suyos les pidió nombres para relevarlo.
Luego del asesinato de Colosio, Alfonso Durazo pasó al grupo de los políticamente damnificados por la tragedia y los presidentes Ernesto Zedillo y Vicente Fox lo cobijaron, y a cambio recibieron las puñaladas propias de su perversa ingratitud.
Se acercó a López Obrador, quien lo hizo secretario de Seguridad Ciudadana federal y después........
