Adiós, Pepe Luz
Abrí la ventanilla del avión y ahí estaba otra vez:
La luz, intacta, hiriente y hermosa, derramándose sobre un océano de nubes, esa claridad que desde lo alto parece eterna, ahí, suspendido entre el cielo y la incredulidad, leí el mensaje de Javier —tu amigo, tu hermano, ese hijo que elegiste en la vida—.
Un “buenos días” que traía consigo la noticia que nadie quiere sostener entre las manos.
Y entonces entendí:
José Luz… Pepe Luz… no te apagaste, te transformaste, te hiciste luz de otra manera.
Me gusta pensar que ahora vuelas ligero, sin el peso del cuerpo, ni del dolor, y que a veces te escondes entre........
