Baguettes en llamas, batas en Reforma
Escena, Bistró parisino.
Contenedor chisporrotea en la esquina, camarero, impasible, escancia café, cliente solicita la cuenta, camarero contesta, primero, la revolución, Monsieur.
Francia, cuna del croissant y del adoquín volador, los sindicatos llaman, el pueblo responde, el martes 6 de octubre desfilaron entre 256.000 manifestantes, según las autoridades, y 450.000, según los sindicatos.
Cifras distintas, enojo idéntico.
¿Motivo? Presupuesto apretado, servicios públicos raquíticos, energía carísima, gasolina por las nubes.
Bomberos pitan. Policías murmuran. Obreros de EDF frenan turbinas.Jóvenes tiktokeros convocan marejada para el 17 de octubre, vestidos de chaleco amarillo, el fantasma de 2018 reaparece, ahora con filtro.
Todo nació con Bayrou, su plan sepultaba 44.000 millones de euros en recortes y borraba dos feriados, cayó, Lecornu heredó brasas, los sindicatos exigen gravar fortunas, descongelar sueldos del Estado y contener el gasto médico, añaden derogar la reforma de pensiones.
En París, el lema se recita fácil, justicia fiscal, traducción, cobren al rico, en francés suena elegante; en castellano, peligroso para ciertos yates.
En Lens, adolescente de quince años perdió la mano frente a su instituto, autoridades indagan, Francia calla, luego tose, luego marcha.
Macron, sin reelección posible, ve el incendio desde el Elíseo, los franceses desconfían del presidente, pero consideran la protesta........
