Guerra en el paraíso
Ahora ya no parece tanto. Hay una guerra intestina adentro del oficialismo que, o se administra bien, o lo consumirá.
Las tensiones crecen, casi de manera inversamente proporcional a la caída en sus preferencias electorales.
Morena ha perdido 10 puntos de intención de voto en un año. Hoy ronda los 34 puntos.
Fuerte, sí. Invencible, ya no.
El problema es que ninguna oposición está capturando los votos en fuga, pero ese es otro cantar que abordaré próximamente.
Hay una guerra, soterrada casi siempre, estridente a menudo, dentro del oficialismo.
Los hechos hablan por sí mismos:
La remoción de Alejandro Gertz Manero le fue encargada a Adán Augusto López quien, tras operarla, creyó que sus días de gloria habían vuelto. No fue así. Fue, a su vez, hecho a un lado poco después.
La presidenta ha ido ganando espacios para su hombre de confianza en el área de seguridad, Omar García Harfuch, en la fiscalía, en aduanas, en la UIF, en los estados.
Despacharon -tarde- a Marx Arriaga, un impresentable comunista que se pensó independiente y prócer de lo que ellos llaman “el movimiento”.
