El sheriff también batalla
Y apareció una idea que jamás había pensado.
No porque sea una defensa o una crítica a Trump, sino porque me ayudó a entender otros puntos de vista: ser la potencia número uno del mundo también cuesta dinero.
Durante muchos años, Estados Unidos puso soldados, bases militares, tratados comerciales, ayuda humanitaria, diplomáticos, organismos, préstamos y una cantidad bastante seria de dólares para sostener cierto “orden mundial”.
Obviamente no lo hizo por buena gente.
Washington nunca fue una fundación.
Lo hizo porque ese mundo también le convenía.
Si tus aliados dependen de tu seguridad, comercian bajo reglas que ayudaste a construir, utilizan tu moneda, consumen tus productos y llaman a tu teléfono cuando hay un problema… resulta que gastar fuera también puede darte muchísimo poder.
En clase lo explicaron de una manera que me gustó:
Estados Unidos pasó décadas siendo una especie de “ciudad en la colina”. El país que decía: este es el modelo, estas son las reglas y, con todas sus contradicciones, aquí estamos para defenderlas.
Y luego llegó Trump preguntando algo fácil:
¿Y a mí cuánto me cuesta todo esto?
Ahí empieza el juego.
Su........
