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¡Qué pereza!

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07.09.2026

¡Qué pereza!”, es el comentario de mi hijo cada vez que le ordenas hacer algo o le aconsejas hacer alguna actividad que vaya más allá de hacer deporte, juerga o estar colgado del móvil. No creo que sea algo exclusivo de mi hijo. Es universal, al menos a mi alrededor.

Pues bien, les tengo que reconocer que, tras dos meses de parón pseudoliterario, he sentido verdadera pereza al volver a ponerme delante del ordenador y decidir sobre qué, y con qué enfoque, escribir en el primer artículo de este nuevo curso.

Imagino que similar pereza habrán sentido mis seguidores, y detractores al ver que no había desaparecido de la faz de la tierra y que sigo, erre que erre, y ya van 13 años, dando la murga, además, con la misma temática de siempre; o sea: caserío, productores, PAC, precios, cadena alimentaria, políticos, fauna salvaje, medio ambiente, cambio climático y un sinfín de cuestiones que, al menos a mí personalmente, me interesa que usted, seguidor y/o detractor, pueda ver reflejadas tanto en la prensa como en redes sociales, blogs, etc.

Si coincide con mi punto de vista, se lo agradezco. Si no le gusta mi opinión, lo siento, qué le vamos a hacer. Ahora bien, a estos últimos les agradecería que me hiciesen llegar su opinión discrepante, siempre que se haga con respeto, para así ampliar mis limitadas miras y, en su caso, acoger su argumentario. Si lo estima pertinente, por favor, escríbame a xiraola@gmail.com.

Pues bien, centrándome en la filípica de hoy, estimado lector, comienzo recomendándole una lectura estival, recomendada por el siempre prudente Eduardo Moyano: la obra Una agricultura sin agricultores, redactada por los franceses François Purseigle y Bertrand Hervieu, que ha visto la luz gracias a la Fundación Cajamar. Una profunda, argumentada y razonada reflexión sobre la evolución del sector agrícola francés, sobre la evolución de........

© Deia