Ser vasco dentro de cincuenta años
No es la primera vez que he denunciado a Rodríguez Zapatero en estas columnas. Se veía venir. Nombró embajador en Caracas a Raúl Morodo juzgado y sentenciado por corrupción, él y su hijo. Nunca dijo nada de la dictadura venezolana. Nada hizo con los presos, a pesar de aparecer como mediador. Nunca reconoció a la oposición. Su egocentrismo y ambición desmedida le hacía ser tan solícitamente obsceno con Maduro y Delcy Rodríguez. Detrás había “Informes Verbales” y “Análisis Relevantes”. Una inmundicia. No se puede combatir una dictadura, vivir de ella, y predicar la “moral pública”.
Por eso prefiero hablar de la entrevista que concedió a Radio Euzkadi el obispo de Bilbao, Joseba Segura, donde repasó algunas de las principales cuestiones que marcan la actualidad eclesial y social en Euzkadi: desde la visita del Lehendakari al Vaticano hasta la crisis de vocaciones, la inmigración, el futuro del euskera o la reparación a las víctimas de abusos. Segura valoró positivamente la reciente visita del Lehendakari, Imanol Pradales, al Vaticano y destacó especialmente la relevancia internacional de la Santa Sede. “El Vaticano tiene un peso geopolítico evidente”, afirmó el obispo, quien también puso en valor el posterior encuentro de Pradales con el secretario de Estado, Pietro Parolin, al que definió como “una persona con muchísima experiencia e interés por todos los temas internacionales”. El obispo elogió especialmente la respuesta del Pontífice ante la administración de Donald Trump, (“no le tengo miedo a la Administración Trump. Seguiré hablando en voz alta contra la guerra”).
Uno de los momentos más significativos de la entrevista llegó al abordar la cuestión demográfica. Joseba Segura afirmó que “la baja natalidad es el factor crítico de la identidad vasca futura” y pidió una reflexión colectiva sobre las consecuencias que esta realidad tendrá dentro de cincuenta años. En relación con la inmigración, rechazó de forma clara los discursos basados en la “prioridad nacional”. Para Joseba Segura, “la Iglesia no puede aceptar que, porque uno sea de fuera o de aquí, tenga más o menos derechos”, subrayó. Al mismo tiempo, reconoció la complejidad cultural y lingüística que plantea el fenómeno migratorio: “La llegada de inmigrantes nos ayuda a afrontar muchísimos retos demográficos y, por otro lado, es un desafío enorme para todo lo que significa ser vasco dentro de 50 años. El tema del euskera es fundamental y está ya en una situación complicada y yo temo que puede complicarse más”.
Ojalá haya esa reflexión colectiva. ”Ser vasco dentro de cincuenta........
