Inquisiciones y claveles
Tenemos una historia de inquisiciones y claveles que ha ido marcando la vida de diversas generaciones. Somos, sin duda, seres emocionales. El hecho de serlo hace que haya días en los que la pureza nos traspasa como una espada celestial, sin metáforas ni ideologías. Días en los que tenemos el pecho despejado y la cabeza limpia de pesares. Quizá estos días despiertan en nosotros la nostalgia de la inocencia angelical que tuvimos en alguna etapa de nuestra vida, cuando no estábamos sometidos a las depuraciones del escepticismo. Cuando nuestros ojos, aún desnudos, solo veían la belleza del mundo.
Hoy, el viento de lo mediático y la urgencia de la imagen agitan nuestro cerebro cortando amarras con la realidad profunda de los hechos, realidad en la que el odio, el fanatismo y la falta de respeto se expanden como una plaga, deteriorando y destruyendo la armonía de la convivencia. Nuestra única evidencia es la certeza de que el hombre es mortal y, como tal, trata de hallar el Hilo de Ariadna que le conduzca a encontrar el sentido del universo y el de su propia existencia.
Carecemos de verdades absolutas que logren evitar el grito del alma humana. Nadamos con frecuencia en las aguas turbias de la incoherencia. Vivimos de pensamientos inconexos carentes de profundas vinculaciones; nos falta el tiempo como maestro. Dios es el cómodo descanso del humillado pensamiento humano. Como seres racionales y emocionales tenemos el deber de despertar a un mundo somnoliento y hacerlo vivo y vivible. Las decisiones políticas que tomamos no se basan exclusivamente en la razón pura. El miedo, la esperanza, la rabia y la ilusión guían nuestra ideología, nuestros votos y el modo de entender cómo debe ser la sociedad que habitamos.
La voluntad, esa constelación........
