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Juego peligroso: el imperialismo que mata y el silencio que lo legitima

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26.03.2026

Hablar de la política exterior de Estados Unidos es hablar de una maquinaria de poder que, bajo la máscara de la democracia, ha perfeccionado el arte de la injerencia, la coerción económica y la intervención militar. Es una estructura histórica que convierte la soberanía ajena en moneda de cambio cuando están en juego recursos, energía o hegemonía estratégica.

El patrón se repite: cuando un país desafía la arquitectura económica dominante o busca administrar sus recursos de forma autónoma, se activa el repertorio conocido: sanciones, bloqueos, desestabilización política y amenazas militares.

Este imperialismo contemporáneo no necesita banderas en territorio ocupado. Opera mediante bloqueos financieros, sanciones extraterritoriales y alianzas militares que garantizan acceso privilegiado a recursos estratégicos. Y si esto falla, la opción militar reaparece como último recurso.

Sin embargo, hay casos en que el doble rasero alcanza niveles obscenos: el respaldo incondicional de Washington a Israel frente a la tragedia del pueblo palestino. Mientras se imponen sanciones fulminantes a gobiernos considerados adversarios, el apoyo político, diplomático y militar a Israel se mantiene incluso ante acusaciones de crímenes de guerra y actos calificados por juristas y organizaciones como genocidio. La vida palestina parece valer menos en la balanza geopolítica.

El imperialismo no actúa solo: actúa en red. La complicidad o el silencio de la Unión Europea y la parálisis recurrente de Naciones Unidas no son gestos diplomáticos ambiguos: tienen consecuencias directas sobre la vida y la dignidad de millones de personas. Cuando el derecho internacional se aplica de manera selectiva, deja de ser un sistema de garantías y se convierte en un instrumento de poder. Cada vez que la comunidad........

© Deia (Tribuna Abierta)