«El Cangrejo», el heredero sin luces de Raúl Castro que hoy trata con Marco Rubio
LA HABANA.- No es ni ha sido jamás diputado. Nunca ha desempeñado otro cargo importante que no sea el de Jefe de la Dirección de Seguridad Personal de su abuelo. No tiene una trayectoria relevante como “cuadro político” del Partido Comunista. O, mejor dicho, no tiene trayectoria alguna, y jamás ocupó cargos ni en la Federación Estudiantil Universitaria ni en la Unión de Jóvenes Comunistas, a su paso por los “Camilitos” (preuniversitario militar) y por las distintas academias militares donde hizo su formación aunque sin méritos por su intelecto. Sin embargo, hoy es el Coronel Raúl Guillermo Rodríguez Castro es, junto con su tío, el General Alejandro Castro Espín, el corazón de ese artefacto destartalado y anacrónico que es el régimen castrista.
El nonagenario Raúl Castro también lo es, aunque solo porque públicamente continúa en su papel de Jefe de Jefes y se reserva para grandes decisiones, pero en realidad hace años que colocó la fusta en manos de sus más importantes herederos.
En un primer momento, eligió a la dupla formada por el actual coordinador del Consejo de Defensa y Seguridad Nacional (un organismo autónomo al que se subordinan sin excepciones todas las instituciones de gobierno, civiles y militares, creado especialmente para concentrar en un Castro todo el poder sobre los aparatos de inteligencia y contrainteligencia) y el General de División Luis Alberto Rodríguez López-Calleja —padre de Raúl Guillermo—, amaestrado personalmente por el habilidoso Julio Casas Regueiro para presidir el Grupo de Administración Empresarial de las Fuerzas Armadas (GAESA) que él mismo concibiera. De este modo, le otorgaron el control de mucho más que el 90 por ciento de la economía cubana, en tanto el conglomerado de empresas militares, como ha ido revelándose con el tiempo, se extiende más allá de los límites de la Isla, en un entramado complejo de cuentas en el exterior, activos, off-shore y testaferros.
Pero el fallecimiento repentino de López-Calleja en julio de 2022 cambió muchas más cosas que las trascendidas hasta ahora, y una de ellas, posiblemente la más importante, fue que Raúl Guillermo, manteniéndose en las sombras, tomara el lugar de su padre en los negocios, aún sin poseer ningún talento para ellos, aunque sí la sangre “real” y fría, la fuerza bruta, la discreción y la información suficiente —proporcionada por su tío— para mantener controlados a los grandes y pequeños jefes militares que manejan el centenar de divisiones que conforman GAESA, dentro y fuera de Cuba.
Ese dúo de herederos, como cúspide absoluta en la pirámide de poder y como ejemplos de un esquema mafioso típico, no rinde cuentas a nadie y actúa a su antojo por encima de leyes, disposiciones, ideologías y “principios éticos”. De modo que desempeñar un cargo público más bien sería una camisa de fuerza que no están dispuesto a vestir, y por tanto la han cedido, sin ningún tipo de resistencia ni celos, a esos tontos de vitrina que aún se rasgan las vestiduras mientras juran que no existen negociaciones con el gobierno estadounidense, y es que en realidad no tienen por qué enterarse, no les incumbe, y ya descubrimos no hace mucho, con el caso de Alejandro Gil, cuán ajenos van por ahí, haciendo el ridículo una y otra vez.
Ahora todo indica, según reportes de prensa, que Donald Trump y Marco Rubio tienen a Raúl Guillermo Rodriguez Castro como interlocutor, y que lo han elegido porque han identificado muy certeramente que, aún sin habilidades discursivas pero con el sentido práctico necesario para dejar a un lado pasiones y fanatismos ideológicos, es la figura principal del castrismo, con total poder de decisión, sin responder a una cadena de mando y sin obligaciones ni compromisos con aliados, ni protocolos diplomáticos. Lo que les ahorra tiempo.
Marco Rubio mantiene conversaciones secretas con “El Cangrejo”, según Axios
“El Cangrejo”, como le llaman en el entorno familiar al nieto preferido de Raúl Castro, no es un hombre de pensamiento, según lo recuerdan compañeros de estudios y amigos que, además, lo describen como obsesionado con el ejercicio físico y con su aspecto, al punto de pasar horas en el gimnasio y frente al espejo, y todo porque —cuenta uno de ellos— durante los años en la escuela primaria o secundaria cierta niña que le atraía se habría burlado de su delgadez.
Después vinieron los estudios militares como único remedio ante la falta de vocación del adolescente, y cuando su madre Déborah Castro, hija mayor de Raúl, se convenció de que el niño, en vez de heredar la inteligencia de su padre Luis Alberto —graduado siempre con honores tanto en Cuba como en la Unión Soviética— cargaba en sus genes las pocas luces de ella, siempre aprobando las materias por los pelos o por ser la hijita de papá. Así como pasó con su hermana Mariela Castro en el Instituto Pedagógico, donde varias veces estuvo en peligro de ser reprobada por su poco rendimiento académico; o con su madre, Vilma Espín, y sus “despistes” de antología.
A diferencia de su hermana Vilma Rodríguez Castro, Raúl Guillermo no está en las redes sociales, pero eso no impide que conozcamos a través de las páginas de sus amigos, en especial los de la farándula y los que hoy hasta tienen negocios en los Estados Unidos, que comparte con su hermana su “afición” por los negocios inmobiliarios, por la renta de palacetes de lujo. Y con sus primos comparte la pasión de abrir bares y restaurantes por toda la Isla, de disfrutar y hacer dinero con los placeres de una vida nocturna que cada día, entre apagones y sin turismo, se torna en muerte, en aburrimiento, en quiebra. Entonces a nadie más que a él, y a los de su apellido, les conviene el mejor desenlace en una negociación que los devuelva urgente a la mejor época de sus negocios, o quizás a otra mejor.
Tampoco están en las redes sociales ni su esposa Daliene Gómez Tomás, ni los hijos con esta y con sus matrimonios y noviazgos anteriores (aunque algunos de estos últimos no lleven su apellido). Nada de riesgo trasciende. Nada que pueda revelar el más mínimo detalle sobre su vida “profunda”. Nada más allá de las fotos que todos conocemos y que posiblemente hayan filtrado ellos mismos con todo propósito, él y su tío Alejandro, como guiños a distancia. Pero superados esos deslices, lo demás serían indiscreciones que no se podría perdonar el Cangrejo, aunque nadie tendría el valor ni la potestad de castigarlo por ellos.
Recientemente supimos de los al menos 25 viajes que dio a Panamá, centro de operaciones empresarial fuera de Cuba, en jet privado y con pasaporte diplomático. Estos desplazamientos se realizaron en aeronaves venezolanas o registradas en paraísos aeronáuticos como San Marino, para evitar ser monitoreados.
En uno de esos vuelos, exactamente el 1 de mayo de 2024, el Cangrejo viajó acompañado de Ania Guillermina Lastres Morera, general de brigada, diputada y actual presidenta de GAESA.
Por otra parte, poco ha trascendido sobre sus recientes visitas a México, a Venezuela antes de la caída de Nicolás Maduro; ni de los personajes de dudosa honradez que le acompañaron. Raúl Guillermo tampoco responde por las decisiones que pudo haber tomado sobre las empresas off-shore de su difunto padre, o las de Guillermo Faustino Rodríguez López-Calleja, hermano de aquel, que son más de las que cualquier otro cubano en la Isla pueda tener en propiedad.
Raúl Guillermo Rodríguez Castro no es lo que llamaríamos un tipo listo, es más bien un bruto de sangre fría. Recordemos cuando una joven holguinera lo acusó en abril de 2022 de atropellarla con su auto, sin consecuencias ni repercusión, sin que aún se haga justicia. Es lo que muchos evitarían poner en una mesa de negociaciones por temor a que la derribe en un arrebato, o que se distraiga con su propia imagen si alguien le colocara delante un espejo; pero también es definitivamente el tipo que, a diferencia del ninguneado Miguel Díaz-Canel, con una simple respuesta de “sí” o “no” podría cambiar el rumbo de los acontecimientos en Cuba, sin necesidad de consultar a nadie, quizás solo a su abuelo.
