Nicolás y Lérida, campeones sin medallas
Humberto Nicolás Reyes
Después de casi 5 años sin saltar, correr, brincar, lanzar una pelota, hacer un swing, jugar en la calle, "mataperrear" un poco, al decir centrohabanero,la primera semana de septiembre de 1985 fue inolvidable. Curado ya de mi enfermedad de Perthes, era la hora de hacer todo lo prohibido físicamente.Y para ello, Nicolás y Lérida aparecieron en mi vida.
El primero era harto conocido en el Pontón (CVD José María Pérez) por sus clases de béisbol con niños. Su nombre completo Humberto Nicolás Reyes se había reducido para todos a: "Nicolás", hacedor de campeones, formador de virtudes y padre de varias generaciones de peloteros capitalinos.
Llegué un miércoles y al verme gordito y con torpeza hasta para ponerme un guante cocido por él mismo me dijo: "Tranquilo, aquí lo importante es jugar y divertirse, lo demás llega con el tiempo".
La segunda fue mi profesora de Educación Física en 5to y 6to grado en la escuela primaria República Popular China, donde las clases había que hacerla en la calle porque no teníamos patio para ello.
La calle Salud se cerraba con una soga en cada esquina para sentirnos libres de carros por 45 minutos. Aunque estaba en el área especial de béisbol con Nicolás, ella aceptó mi presencia en sus turnos, deseosa quizás de probarme en tablas gimnásticas y competencias interescuelas.
De Nicolás guardo mi primer cambio de sueño. Antes de pisar un terreno con el uniforme que me consiguió mi abuela Pucha imaginaba lanzar en el box y tener una recta arrolladora. "Tú estas bueno para catcher,........
