André Breton: La revolución permanente del sentido
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André Breton pertenece a esa estirpe excepcional de hombres para quienes la revolución nunca fue solamente un cambio de gobierno, una redistribución de la propiedad o una modificación de las instituciones, es una conmoción mucho más profunda: la necesidad de transformar las condiciones materiales de la existencia y, simultáneamente, las formas mediante las cuales los seres humanos perciben, imaginan, nombran y desean el mundo. Nacido en Tinchebray, Francia, en 1896, y muerto el 28 de septiembre de 1966 en París, Breton atravesó buena parte del siglo XX como un insurrecto de la imaginación, un combatiente contra la domesticación de la conciencia y uno de los grandes artífices de una revolución del sentido la revolución de las conciencias.
Su nombre quedó asociado para siempre al surrealismo, pero reducirlo a la historia de una vanguardia artística sería disminuir radicalmente la magnitud de su empresa. Breton quiso abrir una brecha en el muro que separaba sueño y vigilia, deseo y realidad, poesía y política, imaginación y transformación social. El Primer Manifiesto del Surrealismo, publicado en 1924, no fue simplemente el acta fundacional de una escuela literaria: fue una declaración de guerra contra las formas empobrecidas de racionalidad que habían convertido la existencia en obediencia, rutina y adaptación.
Allí comenzó una de las operaciones intelectuales más audaces del siglo: luchar contra la realidad burguesa. Breton comprendió que quien domina las definiciones de lo real posee una forma decisiva de poder. Si la burguesía puede imponer como “natural” la mercancía, como “normal” la explotación y las guerras, como “razonable” la obediencia y como “imposible” todo aquello que desborda el horizonte de sus intereses, entonces la revolución debe librarse también en el territorio de las imágenes, las palabras, los deseos y las asociaciones mentales.
La lucha de clases tiene, por ello, una dimensión semiótica que Breton exploró mucho antes de que esa expresión adquiriera circulación teórica: no basta con disputar la propiedad de los medios de producción si no se disputa también la producción social de significado. El surrealismo irrumpió precisamente allí donde la ideología parecía haber construido una frontera inexpugnable entre lo posible y lo imposible.
Breton quiso dinamitarla. Su escritura, sus manifiestos, sus revistas, sus experimentos de escritura automática, su defensa del azar objetivo, su exploración del sueño y su fascinación por el encuentro inesperado entre objetos y significados heterogéneos constituyeron procedimientos para liberar al lenguaje de las........
