El antifascismo lleva mallas de yoga
Que se inventara el curling es algo que me pone inevitablemente de buen humor. En un mundo que se lanza ciegamente a los brazos de la inmediatez, el espectáculo pirotécnico, la adrenalina y la testosterona todavía queda gente que se apasiona viendo cómo se desliza con precisión un bloque de granito de veinte kilos por una pista de hielo mientras unas personas van barriendo a su alrededor para facilitar el desplazamiento de dicha piedra. Todo un ejercicio de paciencia, precisión y trabajo en equipo.
Y la vida, la buena vida, la que realmente merece la pena, no se diferencia mucho del curling. Sería imposible que pudiéramos tirar de la losa que todos vamos arrastrando sin que otras personas nos fueran allanando el camino. Familia, amigos, vecinos, desconocidos, todos formamos parte de esa red tupida de colaboración, trabajo en equipo y cuidados mutuos que llamamos sociedad. Sin estridencia ni glamour, el pacto social que permite que algunos de nosotros en algunas zonas de este planeta aún podamos vivir pacíficamente y con relativa comodidad, se sostiene gracias a estos lazos tácitos de cuidados y de confianza que nos hemos procurado y que permiten, entre otras cosas, que no........
