¿Por qué Estados Unidos está destruyendo sus universidades públicas?
Heather Akou nunca pensó que viviría para ver a un par de francotiradores apuntándole desde un techo de su propia universidad, pero tiene las fotos para probarlo. Fue a finales de abril de 2024, después de que Akou, que enseña Historia de la Moda en la Facultad de Diseño de la Universidad de Indiana, se uniera al pequeño campamento de protesta contra el genocidio de Gaza en Dunn Meadow, el bucólico parque que linda con el edificio central del campus universitario en Bloomington. “Y eso que la protesta no era gran cosa comparada con las que hubo en otras universidades”, me dijo cuando hablé con ella hace poco. “Éramos cuatro gatos: quizá doscientas personas entre alumnos y profesores”.
A pesar de ello, el conflicto no tardó en escalar. La rectora de la universidad, cuyo nombramiento tres años antes había estado rodeado de controversia, no solo había prohibido el campamento –a pesar de que Dunn Meadow era, desde 1969, el lugar donde se permitían este tipo de actividades de protesta–, sino que llamó a la policía estatal para que interviniera. Esta se presentó militarizada, en modo antidisturbios, levantó las pocas tiendas y toldos que había, arrestó de mala manera a más de 30 alumnos y profesores y situó a francotiradores en los techos durante al menos cuatro días.
“Allí, para mí, se cruzó una línea roja”, afirma Akou, que se ha convertido en una de las caras más visibles de la oposición del profesorado a su propia administración. “La violencia física no es un método aceptable para controlar a alumnos que se manifiestan pacíficamente”. Akou, que en julio asumirá la presidencia del Consejo de Profesores (una especie de senado), tiene claro por qué su universidad está en la diana de los políticos conservadores: “Nuestro campus en Bloomington ha sido durante muchos años un centro importante para los estudios humanísticos y de las artes. Esto nos convierte en un blanco atractivo para la derecha. Lo cierto es que nos han atacado con más fuerza que a cualquiera de las otras universidades del estado”.
La admnistración implementó una nueva “política de actividades expresivas” que prohibía toda expresión pública entre las once de la noche y las seis de la mañana
La admnistración implementó una nueva “política de actividades expresivas” que prohibía toda expresión pública entre las once de la noche y las seis de la mañana
La administración, mientras tanto, hace lo posible por suprimir el descontento. Unos tres meses después de la controvertida acción policial, implementó una nueva “política de actividades expresivas” que prohibía toda expresión pública entre las once de la noche y las seis de la mañana. La medida fue denunciada de inmediato como una violación flagrante de la Primera Enmienda de la Constitución norteamericana, que protege la libertad de expresión y reunión contra toda interferencia del Estado (representado, en este caso, por los administradores de una universidad pública). Las y los profesores que, durante las noches siguientes, acudieron a una protesta contra la nueva medida –anunciada, simbólicamente, como una vigilia por la difunta libertad de expresión– se presentaron solo con velas y pancartas en blanco. Aun así, recibieron una reprimenda oficial. A los pocos días, un juez suspendió la medida temporalmente, en vista de su probable anticonstitucionalidad; año y medio después, un tribunal federal confirmó que la política universitaria había, en efecto, violado los derechos básicos de alumnos y profesores. “Fuimos diez los que acabamos yendo a juicio, arropados por la ACLU, la Unión Americana de Libertades Civiles”, relata Heather Akou. “No se nos otorgó ninguna compensación por daños, pero la Universidad fue condenada a pagar las costas y la factura de nuestros abogados, además de los cientos de miles que debieron gastar en los suyos........
