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Gaudí: producto bendecido

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01.07.2026

Cien años después de la muerte del arquitecto, la bendición papal de la torre de Jesucristo certifica lo que el mercado turístico llevaba décadas produciendo: la conversión del modernismo catalán y de la figura de Gaudí en producto planetario, con la Iglesia y el estamento político español como avales ceremoniales del proceso. 

El miércoles, al caer la tarde, unos drones dibujaron en el cielo de Barcelona el rostro de Antoni Gaudí y la frase “primero el amor, después la técnica”. La cruz de diecisiete metros que corona la torre de Jesucristo de la Sagrada Familia se iluminó por primera vez, revestida de quince mil piezas cerámicas blancas y nacaradas. El papa León XIV había bendecido la torre minutos antes en una misa solemne celebrada ante el rey Felipe VI, el presidente del Gobierno, el de la Generalitat, el alcalde de Barcelona, cuatrocientos obispos y religiosos y nueve mil personas dentro del templo. Otras ciento treinta mil seguían el acto desde la calle. Las autoridades barcelonesas llevan desde el día siguiente repitiendo que la torre incorpora a la ciudad al catálogo de iconos planetarios junto a la Torre Eiffel, el Machu Pichu y el Taj Mahal. La frase no la formuló ningún publicista. La formulan los presidentes de la Junta Constructora, los concejales, los obispos. Apenas se disimula la urgencia de que el templo tenga por fin su sitio en el mercado.

¿Qué certificó esta ceremonia? Una obra que durante un siglo fue uno de los objetos más disputados de la arquitectura europea quedó convertida, en una sola noche, en un producto turístico bendecido. La conversión la firmaron de común acuerdo la Iglesia católica y la clase política española, dos estamentos en horas bajas al servicio de un proceso que el mercado turístico llevaba décadas produciendo sin ellos: la conversión del modernismo catalán en mercancía planetaria.

Una obra que durante un siglo fue uno de los objetos más disputados de la arquitectura europea quedó convertida en un producto turístico bendecido

Una obra que durante un siglo fue uno de los objetos más disputados de la arquitectura europea quedó convertida en un producto turístico bendecido

La operación tiene historia. La pelea sobre la Sagrada Familia atravesó todo el siglo XX. El 9 de enero de 1965, en plena dictadura, La Vanguardia publicó un manifiesto en el que se sostenía que no había justificaciones sociales, urbanísticas, pastorales ni artísticas para proseguir la obra. Lo firmaban Gillo Dorfles, Giulio Carlo Argan, Sibyl Moholy-Nagy, Nikolaus Pevsner, Le Corbusier, Antoni de Moragas, José Antonio Coderch, Federico Correa, Alfonso Milà, Ricardo Bofill, Javier Feduchi, Joan Miró, Antoni Tàpies, Ráfols Casamada, Hernández Pijoan, Josep Maria Subirachs, Xavier Miserachs, Joan Gaspar, Román Gubern, Joan Prats, Oriol Martorell, Alexandre Cirici, Camilo José Cela, J.M. Valverde, Salvador Espriu, Carles Soldevila, Carlos........

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