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La Masía y La Fábrica

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monday

Resuelta la liga, sirva el fútbol como excusa para otras reflexiones. Y es que las palabras nunca son inocentes porque nombran y ordenan el mundo. El FC Barcelona llama a su cantera La Masía. El Real Madrid llama a la suya La Fábrica. En esa elección aparentemente menor hay una declaración de principios que nos habla de dos maneras distintas de entender la comunidad, el aprendizaje y el éxito. Ser o tener, diría Fromm.

La masía remite a casa, a refugio, a mesa larga y pan compartido. A un lugar donde se aprende, antes que nada, a convivir. La fábrica, en cambio, suena a producción, a cadena de montaje, a rendimiento y jerarquía. En una se forma, en la otra se rentabiliza. Dos palabras. Dos imaginarios. Dos formas de pensar qué se le transmite a un niño que empieza a jugar al fútbol. Un deporte colectivo, no lo olvidemos. 

Los romanos llamaban otium –ocio– al tiempo fértil dedicado a aprender y crecer. Algo de eso sobrevive en La Masía. Una pedagogía donde el proceso importa y el error enseña. Y llamaban nec otium –no ocio– al negocio, al tiempo convertido en rendimiento y urgencia. Ahí se mueve La Fábrica, en una lógica donde el proceso importa menos que el resultado inmediato y donde el error penaliza.

El llamado “fútbol total” que trajo Cruyff no era únicamente una propuesta táctica, también era una idea política del juego y de la sociedad

El llamado “fútbol total” que trajo Cruyff no era únicamente una propuesta táctica, también era una idea política del juego y de la sociedad

Johan Cruyff entendió esto antes que nadie. El llamado “fútbol total” que trajo no era únicamente una propuesta táctica, también era una idea política del juego y de la sociedad. La inteligencia colectiva está por encima del lucimiento individual, pero el sistema no anula la diferencia, la organiza. El equipo no aplasta la........

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