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El racismo no protegeráa las mujeres

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18.09.2026

El episodio de Ceuta ha cumplido los sueños de Vox y de buena parte del arco parlamentario, desde la derecha más extrema a la más “centrista”. Llevan años derramando gasolina, alertando sobre la invasión que nos amenaza desde el otro lado de la frontera sur, donde la barbarie aguarda para asaltarnos. Si el objetivo es asociar el crimen con las migraciones, sobre todo las del Magreb, la violencia sexual ha sido una palanca central de esta narrativa, que aprovecha tanto el trabajo feminista como los pánicos que prenden con facilidad en torno a la cuestión sexual. En este marco, las mujeres, “nuestras mujeres”, han de ser protegidas del extranjero musulmán, y las musulmanas, salvadas de su propia cultura retrógrada. Decimos que se ha cumplido su sueño porque lo sucedido el 30 de julio ha proporcionado las imágenes y elementos que muchos medios –no solo los de derechas– han exagerado y manipulado para apuntalar este relato.

El 13 de septiembre se convocó en Ceuta una manifestación bajo el lema: “Mujeres y niñas de Ceuta” que estuvo cuajada de banderas de España. En ella se coreó: “¡Yo sí te creo, no estás sola!” y “¡Queremos protección en nuestras fronteras!”, pero también “Gobierno, dimisión”. El lema feminista puesto aquí al servicio del refuerzo fronterizo. Pero el racismo no nos va a salvar. Ni a nosotras ni a España.

Once días antes, el 2 de septiembre, la asociación juvenil Revuelta –que nació a la sombra de Vox– repartió 250 espráis de gas pimienta entre mujeres en el centro de Ceuta, en el centro cristiano, blanco y rico de una urbe plural pero segmentada por religión –los musulmanes ocupan en general los barrios más pobres–. Entre más banderas de España, un puñado de mujeres recogía esas armas conocidas como “antiviolador”, previa presentación del DNI. Los fondos se habían recaudado mediante un crowdfunding: “Ayudemos a las mujeres de Ceuta a sentirse más seguras” ¿A todas las mujeres? ¿Y cuál es la amenaza?

Titulares como el de OkDiario: “Los invasores siembran el terror” o el de esRadio, “Hay miles de menas, escondidos en el monte, tatuajes terroristas, violaciones, agresiones…” dan cuenta del nivel de amarillismo de los medios, sobre todo de derechas –aunque no solo–. En este caso, el pánico sobre la violencia sexual ha funcionado como arma contra el gobierno y contra los migrantes, mientras que las víctimas, con sus necesidades y sus deseos, quedan como siempre fuera del foco.

Salvar a unas, condenar al resto

Cuando estos días se ha hablado de violencia sexual, se han perfilado dos categorías contradictorias dentro de ese “mujeres”. La primera, la de las mujeres españolas cristianas –en el habla de Ceuta, las de origen peninsular–, que según esta retórica se arriesgaban a ser violadas con solo pisar la calle. “Tengo miedo. Está siendo un shock. Te vacilan y te miran por encima del hombro. Vas por la calle, te gritan guapa, te hacen corazones, te piden dinero o comida y van a sus anchas”, declaraba una universitaria ceutí. La segunda englobaría a........

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