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“España niega los errores y los horrores del pasado colonial”

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11.09.2026

En mayo de 2026, la visita de Isabel Díaz Ayuso a México reavivó la polémica sobre el pasado colonial español. Tras su regreso a España, declaró, el 14 de mayo: “México no existió hasta que llegaron los españoles”. Esta afirmación ilustra las tensiones actuales en torno a cómo se narra la conquista.

En España, el debate sobre el pasado colonial no se parece al de los países vecinos. Otras antiguas potencias coloniales europeas han abierto, con más o menos convicción, una revisión crítica de su herencia; en el debate español, la discusión sigue atrapada en un pleito viejo. Algunos hablan de “leyenda negra” tejida por los enemigos de España y reivindican la obra civilizadora del imperio. De la conquista de América se suele destacar el legado que dejó, poniendo especial énfasis en la lengua y la religión, olvidando la violencia que la hizo posible y las formas de dominación que la acompañaron durante siglos. Ese relato encuentra hoy caja de resonancia en discursos políticos y mediáticos empeñados en dignificar el pasado imperial.

Contra ese relato escribe Antonio Espino, historiador y catedrático de Historia Moderna en la Universidad Autónoma de Barcelona, autor de La invasión de América (2022, ediciones Arpa). No busca enfrentar una historia “buena” a una “mala”: plantea algo más incómodo, por qué a España le sigue costando tanto mirar su pasado colonial con el mismo instrumental crítico que aplica a las demás potencias europeas.

Espino no pregunta si hay que condenar o defender la presencia española en América. Pregunta cómo una sociedad cuenta su propio pasado. Reconocer la violencia y las relaciones de dominación del proyecto imperial no significa, para él, condenar a los españoles de hoy ni negar los múltiples legados de esa presencia en América: se trata de abrir paso a una historia capaz de asumir su complejidad y sus zonas oscuras.

Esa batalla por la memoria plantea, en el fondo, una pregunta muy actual sobre qué España se quiere contar y, en consecuencia, qué España se quiere ser. Las respuestas siguen abiertas, y probablemente lo seguirán mientras la derecha y la izquierda disputen el sentido del pasado colonial. Al final, la verdadera disputa recae sobre el derecho simbólico a contar esa historia, y a quién la sociedad le reconoce ese derecho.

¿Considera que España constituye una excepción entre las antiguas potencias coloniales europeas por la ausencia de expresiones oficiales de arrepentimiento o de pesar respecto a su pasado........

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