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El Cristo de Monteagudo, cien años de un símbolo en pleito

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06.08.2026

Se llega desde Murcia por la N-340. En la medianera de un edificio, a la entrada del pueblo, hay pintados dos hombres. Uno lleva corona y una pluma de escribir. El otro, turbante y una daga plateada. Y un rótulo, Monteagudo, frontera de reinos.

Al caer la noche, la vida se traslada al pie del cerro. Hay una explanada de cemento a la que suben, las noches de buen tiempo, coches de toda la Región. Hay quien cena en el coche, quien fuma con las ventanillas bajadas, y en algún asiento de atrás hay amantes.

Arriba, donde arranca la escalera, hay una puerta metálica cerrada con candado. Ahí se acaba el pueblo y empieza la fortaleza. Debajo se junta la gente. A la cima solo sube quien se cuela.

De día se sube hasta un mirador. Desde ahí el Cristo queda enfrente, tan encima que hay que echar la cabeza atrás para verlo entero. Catorce metros de Cristo sobre un armazón de hierro. Y debajo, una fortaleza andalusí del siglo XI. Ibn Mardanish, el Rey Lobo, gobernó la taifa de Murcia entre 1147 y 1172 e hizo de este puntal una línea defensiva. Desde esta roca se vigilaba el agua que ordenaba la huerta, y esa agua sigue bajando por los mismos canales.

Es el segundo Cristo que ha coronado el cerro. Del primero no queda en pie nada. Sigue desmembrado entre las ruinas de la fortaleza, el corazón, la cabeza.

El primero, un Sagrado Corazón del escultor Anastasio Martínez, se inauguró el 31 de octubre de 1926, bajo la dictadura de Primo de Rivera. Veinte toneladas de escultura sobre la fortaleza del Rey Lobo. Duró diez años. La parroquia celebra este año aquel centenario, con un Año Jubilar concedido por la Santa Sede.En septiembre de 1936, ya en guerra, el pleno municipal acordó su demolición; la voladura llegó el 24 de noviembre. Lo dinamitaron con unos tirantes que lo empujaron hacia atrás, para que no cayera sobre el pueblo, y al caer rompió la bóveda de unas estancias. Para los noventa años de aquello no hay nada anunciado.

Lo dinamitaron, cayó para atrás, quedó el corazón, quedó una mano y quedó la cabeza

Lo dinamitaron, cayó para atrás, quedó el corazón, quedó una mano y quedó la cabeza

Lo cuenta María Dolores Abellán, la quiosquera del pueblo, la mujer que guarda las llaves de la iglesia. Lo cuenta como si lo hubiera visto. Lo dinamitaron, cayó para atrás, quedó el corazón, quedó una mano y quedó la cabeza, y a fuerza de martillazo fueron llevando los trozos. Los trozos se los llevaban como recuerdo.En los papeles del pleito, casi ochenta años después, el abogado que quiso quitar el Cristo, José Luis Mazón, escribió otra razón. Lo dinamitaron por acuerdo del Ayuntamiento, porque era un símbolo del fascio levantado en armas. Para Carlos Casero, el párroco, esa cabeza sigue siendo sagrada. María Dolores la vio entre la maleza hace años, caída de lado; se le veía un ojo. “Yo ya no sé lo que quedará”, dice. “Estoy hablando de muchos años”.

Y entonces lo erigieron de nuevo. El segundo Cristo se inauguró el 28 de octubre de 1951, en pleno franquismo, en el mismo sitio, obra de Nicolás Martínez Ramón, hijo de Anastasio. Lo hizo el hijo del hombre que lo había hecho. El primero lo pagó una suscripción entre los vecinos; el segundo, quince años después de la voladura, otra suscripción y dinero de las instituciones.

En el pueblo casi todos tienen un pariente metido en aquella obra. Pepe Sanz subió de crío por el interior hueco de la figura hasta la cabeza; tiene ochenta y nueve años y no ha vuelto. Para qué, dice, si lo ve cada día desde el patio de su casa.

Foto de los trabajadores que levantaron el segundo Cristo de Monteagudo, encaramados a la estatua. / J. J. P.

La ermita de San Cayetano está al pie del cerro, junto al centro de visitantes, donde arranca la escalera y empieza la visita oficial. Un domingo por la mañana hay misa. Al final se dan la paz, y son casi todo manos de mujer. Juan José Alacid, de la Hermandad, apaga las velas y cierra la puerta al salir. Conoce el destino del Cristo viejo. El primero tenía los brazos hacia adelante y cayó con ellos por delante. El segundo los abre en cruz. El párroco tiene una lectura y avisa de que es suya.........

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