La sublime idiotez del suprematismo moribundo
En 1996, John Perry Barlow proclamó la Declaración de Independencia del Ciberespacio.
“Gobiernos del Mundo Industrial, cansados gigantes de carne y acero, vengo del Ciberespacio, el nuevo hogar de la Mente. En nombre del futuro, os pido a vosotros, representantes del pasado, que nos dejéis solos. No sois bienvenidos entre nosotros. No tenéis ninguna soberanía sobre el lugar donde nosotros nos reunimos”
Fue una muestra de audacia libertaria contra los Estados nación en nombre de una universalidad superior del conocimiento. Y también una muestra de arrogancia neoliberal. El globalismo del mercado y del conocimiento era prometedor, pero albergaba los frutos venenosos que hoy están maduros.
En aquella era de ciberoptimismo, gritamos a los gobernantes políticos del mundo: “Hemos creado el espacio de la red global y no los queremos en nuestro territorio”. En esa década, la clase virtual, heredera de la ciencia del siglo XX y, en cierto modo, heredera de la energía libertaria del movimiento global de 1968, se proyectó en escena como un cuerpo joven y erótico, capaz de innovar y ser útil para la vida social y la comunicación.
Decadencia de una frigida utopia
Treinta años después, lamentablemente nos vemos obligados a leer el manifiesto tecnorrepublicano de veintidós puntos, escrito por las mentes deprimentes de Alex Karp y Nicholas Zamiska. Nacionalismo blanco, supremacía agresiva, culto al poder destructivo de la tecnología. Promesas de guerra.
La pretensión de superioridad racial blanca es patética, pero también terriblemente peligrosa, porque se arroga el derecho a exterminar a los Unter Menschen, al tiempo que reconoce la necesidad de someter el conocimiento a la Nación y de confiar la decisión sobre las armas nucleares al único hijo nuestro que no padece psicosis depresiva: el Autómata Inteligente.
Detrás de la arrogancia supremacista, podemos vislumbrar la decrepitud del cuerpo blanco congelado en el hielo de las matemáticas. Podemos vislumbrar la desesperación de Occidente, incapaz ya de gobernar el caos y la proliferación descontrolada de armas de destrucción masiva.
La gesticulación desesperada del americano presidente perdedor es la prueba........
