Vuelven las subvenciones: la geopolítica llega al surtidor
Hay malas noticias internacionales para nuestra pequeña y sensible barquita macroeconómica. A raíz de la guerra en el Medio Oriente, en pocos días el petróleo pasó de rondar los 65 dólares por barril a navegar tranquilamente cerca de 90 dólares para el WTI y 94 dólares para el Brent. Y esto parece ser solo el comienzo de una escala de precios. Dicho de otra manera: el mundo se encarece energéticamente justo cuando Bolivia atraviesa uno de esos momentos en los que los dólares se han vuelto animales tímidos, difíciles de ver incluso con binoculares macroeconómicos.
El nuevo precio interno de los combustibles, 6,96 bolivianos por litro de gasolina y 9,8 bolivianos para el diésel, fue calculado cuando el petróleo internacional era una criatura bastante más dócil, entre 54 y 60 dólares por barril. Estos precios regirian hasta junio del 2026. Pero cuando el petróleo y sus derivados suben, el costo de importar combustibles también sube. Si el precio interno se mantiene congelado, alguien tiene que pagar la diferencia. Y ese alguien, inevitablemente, es el Estado.
En menos de 3 meses, la guerra está por tirar abajo la heroica retirada de las subvenciones de los hidrocarburos patriótica y estoicamente aceptada por la gente. En el frente local, la aparición de gasolina desestabilizada poco importa si resultado de sabotaje o incompetencia administrativa, suena cada día más a una estafa estatal de vender caro un producto de muy mala calidad.
Traducido al castellano cotidiano: si el barril de petróleo sube, la odida subvención vuelve, por lo menos hasta junio. El pequeño detalle es que las subvenciones no se pagan con patriotismo ni con buenas intenciones. Se........
