Nada está escrito | La geografía del desengaño de Cormac McCarthy
Nada está escrito | La geografía del desengaño de Cormac McCarthy
Por Jesús Ernesto Parra
22/06/2026.- La fundación de la identidad norteamericana reposa sobre una ficción topográfica. El territorio de lo que hoy conocemos como los Estados Unidos de Norteamérica, antes de ser cartografía o propiedad, fue un vector espiritual: la línea de la frontera como una promesa incandescente. Cornelius Castoriadis advertía que las sociedades se erigen a partir de un imaginario radical, un magma de significaciones que instituye el sentido de la realidad y el destino colectivo. En el entramado secular de los Estados Unidos, ese imaginario adoptó la forma del destino manifiesto, la marcha hacia el oeste como un rito de purificación donde la civilización asimilaba la barbarie de la llanura. Cualquier coincidencia con la actualidad, favor pulsar el botón.
El cine de John Ford fijó la iconografía sagrada de este mito. En sus encuadres de Monument Valley, el paisaje operaba como templo de la rectitud moral; las siluetas de los jinetes contra el cielo del atardecer reafirman el orden, el nacimiento de la ley y la domesticación de la intemperie. La inmensidad es allí una oportunidad para la épica del individuo. Incluso en el realismo de John Steinbeck, donde la tierra se agrieta por la sequía y la injusticia social en las crónicas del Dust Bowl, subsiste una veta de humanismo trágico: la tierra es una matriz de trabajo, un espacio de lucha donde el dolor engendra la solidaridad del clan y la dignidad de los desposeídos. En la poética de Walt Whitman, ese paisaje es la humanidad misma, que tiene la oportunidad de renacer........
