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Palabras... | El viejo truco patalea

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thursday

Palabras... | El viejo truco patalea

De Moscú al barrio El Carmen

El tiempo pasado nunca fue mejor desde que comenzó la historia de la desigualdad social. Quien

cuida mucho lo que ama es porque sospecha que se está yendo. Si perdemos el último sueño

démonos por muertos. No tenemos cien años para esperar perder lo que tenemos, en vez de

profundizarnos para no perdernos como legado.

Qué vaina, a tan poco tiempo de su muerte, las cosas se han vuelto sospechosas. Un dólar le cae a

palos a la soberanía y grita groseramente hacia donde va el descuido. Con un rublo en la Unión

Soviética, el pueblo comía diariamente y le daban vuelto. El mercado rubio fue subiendo de

pronto, desproporcionadamente, debido a la insospechada injerencia, a veintiún rublos por dólar,

haciendo imposible comer a la cuerda popular aparentemente más débil. Y ya no había zapatos

que comprar, vestido que comprar, necesidad real que comprar, alimento que comer si no era

pagado en el mercado paralelo, a precios imposibles para los que sostenían, con su fuerza de

trabajo, la Revolución de Octubre. El viejo método del debilitamiento económico como arma

La fecha, 1989, estábamos de paso en la embajada de Corea del Norte en Moscú, ahí ya se sabía

del estruendo, cuando vimos los retratos de Stalin y otros, que antes estaban en las paredes,

escondidos detrás de los muebles. Pero también se sentía la debacle, en el movimiento exagerado

de los aeropuertos y fronteras, gente entrando con dólares a llevarse brutalmente barato lo que

era producido para los soviéticos, incluyendo los camaradxs, los vecinxs y el resto de aliadxs y pare

de sufrir. Gente saliendo cargada de todo lo que soportaba su equipaje, haciendo negocios con la

vida de una idea y el sentimiento de un pueblo. Nosotros mismos comimos caviar y vinos por

primera vez en la vida, como si fuera gran vaina, al costo incipiente de unos diez dólares en uno de

los mejores restaurantes, hasta extraviarnos de muerte y vino, y vomitar caviar en el frío y la

neblina, de regreso a la embajada. Nosotros, digo Willian Jiménez, amigo militante de la liga

socialista y yo, que ya había sido robado en un hotel en el transcurso del viaje, vivimos como

reyes por un instante, si a eso se le puede llamar así, o traición........

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