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¿Un salto al futuro o más de lo mismo? La Estrategia Nacional de Educación Superior

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08.02.2026

El autor de esta columna analiza críticamente la «Estrategia de Desarrollo para la Educación Superior en Chile (2026-2038)» elaborado por el Consejo Asesor convocado por la Subsecretaría de Educación Superior. Señala que «constituye, sin duda, un paso valioso y necesario. Es fruto de un esfuerzo colectivo serio y ofrece orientaciones relevantes para enfrentar problemas actuales del sistema. Su principal debilidad, sin embargo, radica en la ausencia de una visión prospectiva robusta y de una ambición transformadora acorde con la magnitud de los desafíos que enfrenta la educación superior en el siglo XXI».

Créditos imagen de portada: Sebastián Beltrán / Agencia Uno

La Estrategia de Desarrollo para la Educación Superior en Chile 2026–2038, recientemente presentada, constituye un esfuerzo relevante por trazar una hoja de ruta para el sector. El documento, elaborado por un amplio consejo asesor, define cuatro desafíos estratégicos, 16 objetivos y 52 líneas de acción, y aborda materias como trayectorias formativas más flexibles, el fortalecimiento de la investigación, la innovación y la vinculación con el entorno productivo y social. Sus autores merecen reconocimiento tanto por la amplitud del proceso participativo como por la intención explícita de construir una política de Estado de largo plazo, más allá de los ciclos gubernamentales.

Ese reconocimiento, sin embargo, no exime de una lectura crítica. Al analizar el contenido de la Estrategia desde una perspectiva orientada al futuro, surge una pregunta inevitable: ¿estamos ante un plan capaz de transformar estructuralmente el sistema de educación superior chileno o frente a una estrategia fundamentalmente inercial, que prolonga el estado actual del sistema bajo el supuesto de que bastan ajustes graduales para enfrentar los desafíos que vienen?

Uno de los aspectos más llamativos del documento es la ausencia de escenarios prospectivos explícitos. La Estrategia parece construida bajo el supuesto de que el escenario actual continuará básicamente igual, mejorando o empeorando en la medida en que se aborden los “nudos críticos” existentes. No se observa, en cambio, un ejercicio sistemático de anticipación de futuros alternativos, como los desarrollados en los últimos años por la UNESCO o la OCDE, que han insistido en la necesidad de pensar la educación superior no solo desde el presente, sino desde las transformaciones estructurales ya en curso.

El diagnóstico que acompaña a la Estrategia identifica adecuadamente problemas actuales —brechas de acceso, financiamiento, calidad, gobernanza y coordinación—, pero resulta limitado en su........

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