Oriente Próximo agita los mercados y reabre la oportunidad en renta fija
El arranque de 2026 ha vuelto a confirmar una realidad cada vez más estructural para los mercados financieros: la geopolítica sigue siendo un factor determinante. En esta ocasión, el foco se sitúa en Oriente Próximo, donde la escalada del conflicto con Irán ha reabierto un frente de incertidumbre con implicaciones globales. Lejos de tratarse de un episodio puntual, la intensidad creciente de los acontecimientos ha elevado de forma significativa el riesgo de contagio regional y
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r.html" data-link-track-dtm="">ha devuelto a los inversores a un entorno de alta sensibilidad ante cualquier disrupción en el suministro energético.
El principal canal de transmisión económica de este conflicto es, sin duda, el mercado energético. El estrecho de Ormuz, por el que transita entre el 20% y el 25% del petróleo transportado por vía marítima en el mundo, además de una parte relevante del comercio de gas natural licuado, representa un punto crítico para la estabilidad de los precios de la energía. Cualquier interrupción prolongada en este enclave tendría consecuencias inmediatas sobre los costes energéticos y, por extensión, sobre las cadenas de suministro globales. Este riesgo es el que ha comenzado a reflejarse en los mercados desde finales de febrero, con tensiones al alza tanto en el petróleo como en el gas.
Este entorno apunta hacia un escenario de mayor estanflación:........
