La fantasía de una nueva guerra civil: deseo mortífero
En 2016, Donald Trump tuvo razón cuando en su conferencia de prensa inaugural como presidente de Estados Unidos sostuvo que su intención no era dividir el país porque, en realidad, este ya estaba seriamente dividido antes de que él llegara. De hecho, la revista Time, al nombrarlo persona del año, le bautizó como el presidente de “los Estados Divididos de América”. Las encuestas de 2014 ya habían detectado una creciente desafección...
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de la ciudadanía hacia la cohesión nacional, traducida a su vez en un desprecio cada vez más intenso por las instituciones federales, hasta el punto de que más del 20% de la población de diferentes estados veía con agrado perpetrar una segunda secesión.
Estos índices han seguido un curso más o menos estable desde entonces. En 2024, durante la campaña trumpista de acoso y derribo contra Biden, YouGov registró el mayor incremento, con un 23% de los estadounidenses apoyando una sublevación, siendo Alaska (36%), Texas (31%), California (29%), Oklahoma (28%) y Nueva York (28%) los más entusiastas. El cisma quedaba igualmente liderado por los votantes republicanos (un 29% frente al 21% de los demócratas). Sin embargo, en febrero de 2026, la misma medición se había templado significativamente, descendiendo al 18% de apoyo a la secesión. La caída se centró en el colectivo republicano (con solo un 14% de apoyo), identificado con el carisma autoritario de Trump que, en ese momento, todavía permanecía a salvo de los vientos de guerra con Irán.
En paralelo, también se ha ido calibrando durante el último lustro la percepción sobre los riesgos de que, por culpa de la polarización, acontezca una nueva guerra civil en EE UU. En la encuesta más reciente en ese sentido, realizada por Marist Poll en 2024, se computó que el 47% de los estadounidenses creían plausible que durante su vida tuvieran que pasar por ella, aunque, según un estudio científico publicado en 2025 en la revista Injury Epidemiology, tan solo entre un 3% y un 7%........
