La delgada línea
Cada vez que estalla un escándalo político relacionado con contratos públicos, favores empresariales o reuniones discretas, reaparece la palabra lobby como si fuera sinónimo de corrupción elegante. Sin embargo, esa equivalencia es simplista porque no toda representación de intereses es tráfico de influencias, aunque ambos fenómenos compartan un territorio ambiguo que no es otro que la cercanía al poder. Pero la diferencia no es menor. De hecho, confundirlos implica dañar la calidad democrática, porque demoniza una actividad legítima, que no es otra que la representación organizada de intereses, dificultando la identificación de las verdaderas prácticas corruptas. Y que esto no se entienda como un blanqueamiento del sistema. Lo que ocurre es que una democracia moderna necesita mecanismos de interlocución entre los gobiernos y la sociedad civil. Lo que sí es cierto es que no puede permitirse que esas........
