Los Arenales del tiempo y el eco de la frontera
Al encender la televisión y repasar las últimas noticias sobre Ceuta, un resorte invisible me devuelve a la Gran Canaria de finales de los años cincuenta. Las imágenes actuales de la ciudad autónoma —con la constante presión migratoria en los espigones, las crisis diplomáticas y los campamentos provisionales de acogida— no me resultan del todo ajenas. Quienes peinamos canas sabemos que esta tensa coreografía geopolítica entre España y Marruecos no es nueva; es el eco de una frontera insomne que algunos vivimos, de forma muy sutil, en los patios de nuestra infancia.
Corría el año 1957. Yo tenía apenas siete años y estudiaba en el Colegio Antúnez de Las Alcaravaneras. En aquel patio vigilado por los Hermanos de La Salle —a quienes llamábamos cariñosamente los hermanos baberos por su tradicional indumentaria—, el folclore infantil devoraba la actualidad con una picardía asombrosa. La radio de válvulas bombardeaba a todas horas una célebre rumba: «¿Será una rosa, será un clavel…?». Pero en el recreo, saltando y jugando, los niños la transformábamos en una letrilla satírica que........
