Tres niños. Tres fotos. Tres vergüenzas
He visto las imágenes. Me las han vuelto a poner delante de los ojos una y otra vez y no he podido dejar de mirarlas. Ha sido inútil. Uno mira y ve. Es lo que tienen las fotos: uno las cuelga de la pared o las pincha en un corcho o las coloca en un álbum y allí permanecen y no mueren nunca. Lo sé. Tengo fotos, muchas fotos, y las miro y sé que no es el valor de la foto ni del marco ni del cuadro ni de dónde esté instalada lo que le da validez; que el valor está en la mirada de ese bebé en brazos que te besa, en la mirada de ese otro niño que escribe en un dibujo que la mujer de su vida eres tú. Fotos de familia y de amigos a las que damos importancia. Y, a veces, en tu memoria aparecen otras fotos que se quedaron en ella fijas para siempre. En la mía hay tres. La de ese niño de Gaza muriendo de hambre y de sed; ese niño herido por el odio de un dictador lleno de rabia y de ignorancia que alardea de su crueldad y de su idea de venganza; ese niño con los ojos fuera de las órbitas, la cabeza grande y el cuerpo ya casi inexistente debajo de los huesos afilados que le marcan el esqueleto y que me........
