La fobia que no existe. O tal vez sí
¿Eres turismófobo? Muchas canarias y canarios han escuchado esa pregunta en algún momento, en una conversación familiar, en un debate en redes, en boca de algún político o empresario del sector. Se lanza con una entonación que ya lleva dentro la respuesta esperada: por supuesto que no, cómo voy a serlo. Y ahí, sin que nadie lo haya decidido, el debate ha cambiado de terreno. La vivienda, el agua, los ecosistemas, el modelo económico, todo eso queda atrás. Lo que importa ahora no es el modelo ni sus consecuencias, sino si quien protestaba tiene un problema personal.
Hace unas semanas, el catedrático Moisés Simancas, uno de los mayores especialistas en turismo del archipiélago, respondió públicamente a esa pregunta. No hay turismofobia en Canarias, dijo, lo que hay es rechazo a un turismo sin límites. Puede que tenga razón. Pero la pregunta que más me interesa no es si la turismofobia existe o no, sino por qué esa palabra aparece siempre justo cuando alguien empieza a incomodar.
Pongamos que sí existe, que hay personas en Canarias que sienten un hartazgo profundo ante la masificación, la pérdida del barrio, el ruido, el precio del alquiler, el mar lleno de embarcaciones en agosto. Gente........
