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Nuevo pulso tras la caída de El Mencho

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01.03.2026

Nuevo pulso tras la caída de El Mencho

Yailé Balloqui Bonzón

Yailé Balloqui Bonzón

Autor(es): Yailé Balloqui Bonzón

Este hecho marca un hito en la seguridad binacional y realza la soberanía de México frente a las exigencias de Washington, definiendo un nuevo esquema de cooperación basado en el intercambio de inteligencia y la autonomía operativa nacional

La muerte de Nemesio Rubén Oseguera Cervantes, el hombre tras el alias de El Mencho, no puede asumirse simplemente como un éxito de táctica militar. Lo ocurrido en los paisajes de Tapalpa, Jalisco, es en realidad un episodio político de hondo calado; toca la fibra más sensible de la vecindad entre México y Estados Unidos: la seguridad compartida.

Durante meses, la inteligencia mexicana tejió un cerco que culminó en esa zona boscosa; el líder criminal cayó herido y el destino quiso que diera su último aliento mientras era trasladado.

En cuanto se conoció la noticia, México alzó la voz y dejó algo claro: esta fue una operación pensada, planeada y ejecutada por manos e instituciones nacionales.

Es cierto, se admitió que hubo un intercambio de datos con agencias estadounidenses, mas ese detalle no es menor. Es el reconocimiento de una realidad binacional donde el narcotráfico ignora las fronteras, pero donde México reclama el derecho a llevar el timón de su propia estrategia.

La sombra de Washington y el fentanilo

En poco más de una década, el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) pasó de ser un grupo local a una corporación del crimen con tentáculos internacionales, impulsada por el lucrativo y trágico mercado del fentanilo.

Para el gobierno de Estados Unidos esto dejó de ser un problema de salud pública y se convierte en un asunto de seguridad nacional. Esta urgencia se tradujo en una creciente presión política sobre el Palacio Nacional, sede del Ejecutivo mexicano, donde Washington exigió resultados contundentes ante el avance de las sobredosis en su territorio.

El golpe en Tapalpa funciona, por tanto, como un mensaje diplomático: México demuestra su capacidad de respuesta soberana, logrando el objetivo que exigía la Casa Blanca sin permitir que agencias extranjeras vulneren la autonomía operativa del país.

Cooperación sí, intervención no

La historia de estos dos países en seguridad es un baile constante entre la desconfianza y la necesidad. Mientras para México la soberanía es una memoria política viva, para Washington la crisis de adicciones en su territorio no es solo una tragedia de salud pública, sino una herramienta de presión política.

Como lo ha hecho Donald Trump, incluso desde antes de iniciar este segundo mandato, señalar a México le permite externalizar la culpa, eludiendo su responsabilidad en el control del consumo interno y el tráfico de armas, en tanto utiliza la seguridad de palanca con el propósito de condicionar la soberanía del vecino.

El operativo en Tapalpa pone al desnudo la cruda interdependencia de esta crisis: si bien el mercado estadounidense garantiza el flujo de capital y armas que oxigena a los cárteles, México se ve obligado a poner la fuerza operativa y el costo social.

Es una balanza desigual donde el consumo del norte dicta la urgencia; sin embargo, es el Estado mexicano quien debe ejecutar las acciones y enfrentar las consecuencias en el territorio.

El límite quedó trazado con claridad: compartir información es vital, aunque la presencia de botas extranjeras en suelo mexicano sigue siendo una línea roja innegociable.

Las sombras que quedan

No obstante, el optimismo debe ser cauteloso. Quitar la pieza más alta del tablero no desarma el juego automáticamente. La historia nos advierte de que tras un golpe así suelen venir fracturas y nuevos ciclos de violencia por el control de la estructura.

Los enfrentamientos tras la captura nos recuerdan que el narcotráfico es una red que se recompone y el Estado ahora tiene el reto de evitar que ese vacío se convierta en más caos para la gente.

¿Hacia un nuevo equilibrio?

Este suceso nos pone frente a una pregunta incómoda: ¿Estamos viendo un México más fuerte o una nueva forma de dependencia?

México necesita la tecnología del norte y Washington necesita resultados que mostrar a su electorado.

La caída de un capo no borra las causas profundas: la desigualdad, la corrupción y un mercado ilícito que cruza todo el continente. Empero, sí redefine, al menos por ahora, cómo se miran de frente ambos gobiernos.

Una prueba para el Estado

Más que un final, lo de Tapalpa es una prueba de fuego para el Estado mexicano. El gobierno de Claudia Sheinbaum tomó las riendas, resistió las presiones internacionales y defendió su autonomía operativa.

Pero el aplauso por neutralizar al hombre más buscado no es suficiente. El verdadero triunfo no será esta acción espectacular, sino la capacidad de limpiar las instituciones y llevar paz duradera a los territorios.

Continuidad de una línea vital

Para el proyecto político iniciado por Andrés Manuel López Obrador y consolidado por su sucesora, la lucha contra el narcotráfico ha dejado de ser una imposición externa y se convierte en línea vital de soberanía.

Ambos gobiernos entendieron que la seguridad no es solo un asunto policial, acaso el eje que permite la gobernabilidad y el desarrollo social. Al transitar de una estrategia de confrontación ciega a una de inteligencia y atención a las causas, el Estado mexicano ha trazado una ruta donde el uso de la fuerza se aplica con precisión quirúrgica, enviando un mensaje claro: el control territorial le pertenece a la nación.

El Mencho, México, politica

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