Merecida corona de laureles
Merecida corona de laureles
María Victoria Valdés Rodda
María Victoria Valdés Rodda
Autor(es): María Victoria Valdés Rodda
La Asamblea General de la ONU designó cada 1º de octubre Día Internacional de las Personas de Edad: ancianos. BOHEMIA trae una cierta mirada, algo polémica, de la realidad cubana
Los entrecejos arrugados dan cierto aire docto de una edad vivida a raudales o en pulsaciones lentas: no necesitan llevar un cartel que diga “Soy un viejo”. Sí, así con plena crudeza, porque -aunque se les nombre también ancianos, adultos mayores, personas en la tercera edad o abuelos-, serlo en Cuba nunca es una lisonja, al contrario.
Aquí, llegar a más de 65 años suele ser un mérito: es cierto; pero a la vez carga los estereotipos de “la última afeitada” o “el último baile”. No nos parecemos ni de lejos a las culturas milenarias de Asia y África donde se reverencia al anciano, efecto de las experiencias del largo vivir.
Incluso allí el capitalismo neoliberal lleva implícito una enajenación tal que ni en las aldeas se libran de las discriminaciones. Solo los templos budistas o hinduistas logran escapar de la segregación etaria. En China o Japón constituyen el comienzo de la introspección culta. Mientras, en el Vaticano es edad para un buen “papado”.
La Revolución cubana vino a colocar las cosas en el lugar honorable correspondiente a todos; los jóvenes como canteras de futuro, ímpetu, alegría; las personas maduras, la fuerza, la persistencia. Los ancianos coadyuvan a la transmisión de valores, al soporte hogareño, la memoria viva........
